Trabajando con Kiwis (y con indios)

Ya con 10 días en Auckland, tomé la decisión de partir a la zona de kiwis para buscar trabajo. Llegué a las 6 de la tarde a un pueblo muy pequeño llamado Te Puke (a unas 4 horas de Auckland). Empecé a caminar y preguntando llegué a un hostel llamado Hairy Berry, en donde sus dueños son  unos hippies ventajeros, ya que publican trabajo en las páginas, pero cuando llegás te obligan a firmar un contrato de exclusividad, es decir, si ellos te consiguen trabajo, te obligan a quedarte en su hostel por el tiempo que dure el trabajo. Y una cama en habitación compartida sale $150 dólares la semana.

Además, al firmar el contrato te hacen dejar un depósito de $200 dólares, como garantía y el número de la tarjeta de crédito. Claro está que sólo me alojé  una semana, pero después salí corriendo de ahí, pero sirvió para conocer gente y hacer amigos.  Muchos de los chicos alemanes en su búsqueda de trabajo lo firmaron. Yo decidí buscar trabajo por mi cuenta llamando por teléfono. Con lo cual un par de días después logré contactar a un tal Kelly (indio) y nos fuimos con mi amigo alemán llamado Sebastian a trabajar en las Orchards (así se llaman) de kiwis. Nos pasaron a buscar unos indios y una mañana ya estábamos trabajando como si fuera en la India. Un trabajo cansandor porque te exige estar con la cabeza para arriba todo el tiempo y al sol todo el día. Un maorí llamado Lhasa, nos exigía rapidez al grito…”If you respect Lhasa, Lhasa respect youuuu ha ha ha (una risa larga)”, y otro nos exigía no perder las flores (había que apretar las puntas para que dejen de crecer pero había que encontrarlas entre las plantas).  Con lo cual al tercer día, nos dijeron que no había más trabajo. Pero eso fue mejor porque un par de días después, todo el grupo de alemanes del hostel y nosotros terminamos trabajando en otros campos y un trabajo mucho mejor, más tranquilo y mejor pago. Y así pasaron mis días en Te Puké esperando por Marce hasta el 30 de octubre…

Dibujando en Nueva Zelanda

El 4 de octubre finalmente llegué a Nueva Zelanda, luego de pasar una noche por Santiago. Todo el sufrimiento de los meses previos ya habían quedado atrás y ahora a empezar la nueva aventura.

10 días. Fueron los que viví en Auckland, la ciudad más poblada de Nueva Zelanda, con 1.3 millones de habitantes. Llegar después de una noche de 20 horas, y ver que me adelanté 16 horas en el tiempo, me obligó a reprogramar mi cabeza a los nuevos horarios. Dormir, comer, dormir, tener sueño y seguir durmiendo. Como una buena resaca.

En esos días, Marce y la Rubia -que ya estaban hace 4 meses- me pasaron a buscar y nos fuimos hacia el norte, a una playa que se llama Piha, -sí, con la pronunciación idéntica a la que la argentinidad hace llamar al elemento fálico-, nos divertimos mucho en el reencuentro con unos ricos mates en la playa y sacando fotos con todos los carteles del pueblo.

Luego de hacer papeles de trabajo, abrir cuenta en un banco y hacer todos los trámites obligatorios, decidí viajar hacia una zona donde decían que había trabajo seguro en una publicación. Te Puke. Un pueblo que se hace llamar la capital mundial del Kiwi.