Un pueblo llamado Ohakune

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Y un día llegamos a Ohakune, sin entender muy bien cómo llegamos. Un pueblo que casi no llega a ser pueblo, porque no hay habitantes en 8 meses del año. Un pueblo que explota en el invierno con su centro de ski. Pero que en el verano sólo quedan pocos viviendo en sus calles vacías, sus locales cerrados y tanta tranquilidad que ya estresa.

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Dibujos mochileros

carpa halls gap

Este dibujo tiene una linda historia. Salió de cuando nos quedamos dos semanas en carpa en un Parque Nacional a 3 horas de Melbourne, al sur de Australia, donde pasamos la noche de año nuevo en el medio del bosque y montañas, sin luz eléctrica y rodeados de canguros. Estábamos a la espera de la decisión de migraciones de aceptar la visa de Marce para cruzar a Nueva Zelanda, con muy poca plata, las tarjetas en rojo, y sin saber todo lo que nos iba a pasar. Al final, la visa se aprobó, pudimos viajar y el destino nos trajo hasta Wanaka, donde todo se fue acomodando. Un año y medio después de este dibujo, seguimos en éste pueblo del cual nos enamoramos por su tranquilidad y belleza.

Somos miembros de #Red Viajar!

 

La semana pasada recibimos un mensaje de Guada Araoz informándonos que luego de ir a votación, nuestro blog fue aceptado como miembro de #Red Viajar – bloggers de viajes.

Marce se estaba bañando y le grito “Parce, nos aceptaron en Red Viajar!!!! aaaaaaahhhhhhh!!!!!

Unos días después, nos pusimos a ver los comentarios de la votación de varios de los miembros de la Red -de los cuales somos seguidores de muchos de ellos- y ver comentarios de personas que uno admira y tiene de referentes nos da una alegría enorme y nos alienta a seguir Dibujando el Camino…

Me tomo el atrevimiento de compartir la votación, porque para nuestro blog es un paso muy importante…

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Gracias Jime Sánchez, Guada Araoz, Enrique, Ana, Gabriela, Pablo y todos los que votaron!

 

Parce, parce, qué bueno!!!! no lo puedo creer! mirá qué lindos todos éstos comentarios!

…y leé el comentario de #CheToba!

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Gracias #CheToba, sabé que con tu comentario nos hiciste muy felices!!!

Además fue muy positivo para nosotros saber que no se identificaban bien los posts recientes al destacar posts en el home, y prestaba a confusión. Por lo cual el mismo día modificamos todo para solucionarlo y de paso estuvimos 2 días enteros reestructurando la página. Gracias Santiago!!! 🙂

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Para los que no los conocen, #Red Viajar es un grupo de bloggers de viajes cuyos objetivos son:

a. Difundir temas de interés para los bloggers de viajes con el fin de lograr un nexo entre el lector y la red.

LOGO para fondo blanco

b. Trabajar en equipo con el fin de consolidarnos dentro de un mercado competitivo.

c. Amplia utilización de las redes sociales, blogs y páginas como medio de difusión de un modo organizado y con contenido de calidad.

Después de todo ésto, nos fuimos a tomar una cerveza hasta el pueblo (a casi 2 km de nuestra casa) para brindar por éste gran día. Y fuimos a hacer el video de saludos para el evento que nos pidieron. Y sí, no nos pidan mucha seriedad!!! así somos!

 

Un abrazo para todos!!!

 

Recibimos el año dibujando en el bosque

Nuestra idea de recibir el primer sol en el mar, la cambiamos por las montañas y el bosque. Nos tomamos 3 bondys para hacer los 300 km que separan Melbourne del Parque Nacional The Grampians. Nos habíamos equipado para pasar una semana en carpa fuera de la civilización, para escapar del consumo permanente que te propone Australia. Esperando encontrar un lugar en el medio de la nada, encontramos un camping que tenía todas las facilidades, y como no esta permitido hacer fuego, hay que cocinar en las cocinas públicas a cambio de una moneda de 2 dólares. Pero a las 22:00 horas se apaga la luz automáticamente. Con lo cual, recibimos el año con linternas frontales, cocinando una carne, abriendo una botella de vino (lamentablemente la magia de descorcharla ya se perdió en Australia porque eliminaron el corcho) y bailando con un cuarteto de Rodrigo -como debe ser- (soñábamos con un fernet pero se consigue a 60 dólares). Mientras la gente local, con sus Motorhomes de lujo ya se disponía a dormir y a pedir bajar el volumen.
Y mientras brindábamos por toda la gente que esta tan lejos, nos pusimos a valorar realmente lo que significa nuestro caos. Cuando -por ejemplo- comparamos nuestra forma de festejar por un año nuevo, con nuestra esperanza de un futuro mejor, de abrazarse, de emborracharse de alegría, de estar en familia, de tirar fuegos artificiales, de estar felices por todo lo que se viene a pesar de lo bueno ó lo malo de lo que pasó en el año… Eso somos nosotros. Eso es lo que no se compra. Para los que se quejan de nuestro caos latino. Porque guardar lo que sentimos también puede ser un caos. Y si algo nos caracteriza, es que no nos guardamos nada. Y eso… ESO ES NUESTRO PRIMER MUNDO.
FELIZ AÑO NUEVO!!!!


Dibujando en Bondi

No, todavía no subimos a dibujar en los colectivos (pero en cualquier momento). Bondi es una playa muy concurrida ya que esta muy cercana al centro de Sidney. Y como había tanta gente en el agua, preferimos sentarnos a dibujar.

Te Puke (una historia de kiwis y visas)

Luego de estar 10 días en Auckland, decidí viajar hacia una zona de kiwis, donde anunciaban el comienzo de la temporada: Te Puke. Un pueblo que se hace llamar la capital mundial del Kiwi.  Cuando uno va llegando se da cuenta del porqué. Se ven plantaciones hasta el horizonte, todas perfectamente establecidas, con cortinas forestales, mallas tejidas y galpones gigantes de empaque.  Pero el  pueblo es diminuto: 7500 habitantes. Bajé del bondy a las 6 de la tarde sin ninguna reserva (como es mi costumbre) y llegué hasta el único hostel donde anunciaban el comienzo de la temporada: Hairy Berry.Un buen lugar para filmar una película de terror. Un vidrio roto con la inscripción “Backpackers”, el dueño antes de ver las habitaciones ya te cobra por adelantado, te entrega un plato, una taza y unos cubiertos y te da la bienvenida diciéndote “si perdés algo son 10 dólares”. A esto hay que sumarle que esta bien ubicado, ya que enfrente, hay una hermosa vista a un cementerio, y a un geriátrico…

El anuncio ofrecía trabajo, pero a cambio, al llegar el huésped debía dejar $200 dólares de garantía, y firmar un contrato de alojamiento por al menos 8 semanas. No conformes con esto, dejar los datos de una tarjeta de crédito por si un día te dan ganas de irte. El costo de la cama en habitación compartida (con tu propia bolsa de dormir) era de $150 dólares por semana, sin internet. Este también es el “primer mundo”. En todos lados hay gente que quiere correr más rápido que otros.

Negándome a firmar todo esto, y a ser parte de su negocio redondo, pasé a ser persona no grata. Busqué trabajo por mi cuenta. Me pasaron unos teléfonos de contratistas y empecé a llamar uno por uno. Hasta que al final, uno me contestó diciendo que pasaba a verme. Un hindú llamado Kelly. Me preguntó si tenía auto, cosa que no, pero que un amigo tenía y podíamos ir juntos, y también me preguntó si tenía todos los papeles y que si quería él me daba alojamiento. Le dije que si él ofrecía un lugar lo veía y lo evaluaba. Entonces me dijo que empezábamos al otro día. Al rato me mandan un mensaje que me pasan a buscar (me extrañó porque eran las 5 de la tarde). Cuando veo que viene una camioneta llena de hindúes con turbantes y maoríes.  Uno se baja y me dice “Leandro?”, -Si? -vamos! esta noche dormis con nosotros y a la mañana vamos a trabajar… fue una situación tan extraña como divertida, pero algún mecanismo de defensa me decía que no debía subirme a esa camioneta… jaja.

Al final no tuvimos que ir con ellos, porque pudimos ir al otro día con el auto hasta el campo y comenzamos a trabajar con un grupo de hindúes. Cuando nos dimos cuenta ya nos estaban insultando por la lentitud, de un trabajo que no entendíamos bien. El trabajo consistía en presionar con el dedo pulgar y el índice (con un guante y dos monedas dentro de los dedos del guante), las puntas de las flores principales, para evitar el crecimiento y que los nutrientes vayan a los frutos. Pero la cantidad de hojas y ramas hacían que debiéramos buscarlas y no era tarea fácil -al menos para nosotros-. Entonces nos pedían que no perdiéramos ninguna. Pero a la vez, nos decían que lo hiciéramos más rápido. Con un inglés hindú nos decían “iuarmissintumach”, “iuarmissintumach”… y si íbamos más lento para no perder las flores nos decían “hurry up! hurry up! faster!”… (imaginaba una escena de esclavos y látigos bajo el sol… donde lo único que faltaba era el látigo jaaa)… conclusión: al tercer día nos mandaron un mensaje que ya no había más trabajo para nosotros.

Ofuscado. Contrariado. Al otro día, decidí irme del pueblo, y buscar algo mejor, pero cuando ya había tomado la decisión y casi saco los pasajes, mis amigos alemanes me dicen que habíamos conseguido trabajo, y que íbamos a trabajar todos juntos. Y me mudé a otro hostel (Kiwi Corral) a 8 km del pueblo con Sebastian.

Desde ahí todo cambió. Porque al llegar vimos que el trabajo era distinto, y que los supervisores tenían buena onda. Y además, trabajábamos todos juntos.

Así fueron corriendo los días, y preparándome para recibir a la paisa. Un domingo que no trabajé me alquilé una bicicleta y me hice los 8 km buscando un alojamiento cerca del pueblo, y por la cartelera del supermercado, llegué hasta la casa de Peter, un checo pelado (como yo) que habla inglés básico con muy buena onda. Y me ofreció una “cabin”, y me encantó, ya que no debíamos compartir y el precio era la mitad que en cualquier hostel, y con internet gratis.

Y llegó la Paisa. Marce fue aceptada con una visa limitada por inscribirse a un curso de inglés de 4 semanas. Entonces, como el curso era en Auckland, sólo nos podríamos ver los fines de semana. El precio del pasaje entre Auckland y Te Puke es de 20 a 30 dólares cada tramo. Y hay sólo uno o dos buses por día.

Con una multa de 100 dólares, cambiamos los pasajes de Fiji a Sydney, para el 10 de diciembre (fecha en que se le vence la visa a Marce).  Y el plan es tramitar la visa nuevamente desde la embajada de Nueva Zelanda en Australia. Lo cual puede tardar cerca de un mes. Otra vez, tenemos nuestros planes en manos de una persona que determine si somos un riesgo para su país.

Ofuscado, Contrariado. Esas son las palabras que se anteponen a Felicidad. Que si bien no dejo de ser feliz por cada cosa que pasa, son las palabras que se oponen a la inspiración. Recordaba que cualquier día de mi viaje por Latinoamérica era un motivo para escribir, de ganas de explorar las cosas que sentía con cada nuevo lugar, de describir sensaciones, paisajes, olores, costumbres, recuerdos que disparaban emociones. Pero por ahora, esas sensaciones son limitadas. Como la visa.

El fin de semana pasado, pasaron a visitarnos Marce y la Rubia una vez más, y nos fuimos a recorrer la zona. Nos metimos a enfrentar las olas del Pacífico, pero terminamos enfrentando las piedras descalzos, pisándolas para llegar al mar. Nos divertimos mucho. A la noche cenamos todos juntos. Y al otro día nos fuimos a una cascada buenísima donde podías hacer un clavado de varios metros, y me hizo acordar de Putucusi, donde me obligué a enfrentar mis miedos. Y antes de irnos, sabía que me iba a arrpentir de no tirarme. Así que sin pensarlo mucho salté. Después de ahí, nos fuimos hasta Papamoa. Donde almorzamos y nos acostamos en la arena a dormir una siesta. Fueron de los momentos más lindos de este viaje.

Y así llegamos hasta hoy, al día 45 en Nueva Zelanda. Ofuscado. Contrariado. Pero feliz.

Porque la buena onda siempre va a estar. Porque creo en eso de que todo por algo es. Y porque los caminos que se van dibujando serán anécdotas para contar algún día. Porque estas cosas también son parte del viaje. Y porque tenemos ganas de enfrentar todas las trabas que nos quieran imponer en el primer mundo ó en todos los mundos que vayamos a explorar. Siempre dibujando una sonrisa.

Trabajando con Kiwis (y con indios)

Ya con 10 días en Auckland, tomé la decisión de partir a la zona de kiwis para buscar trabajo. Llegué a las 6 de la tarde a un pueblo muy pequeño llamado Te Puke (a unas 4 horas de Auckland). Empecé a caminar y preguntando llegué a un hostel llamado Hairy Berry, en donde sus dueños son  unos hippies ventajeros, ya que publican trabajo en las páginas, pero cuando llegás te obligan a firmar un contrato de exclusividad, es decir, si ellos te consiguen trabajo, te obligan a quedarte en su hostel por el tiempo que dure el trabajo. Y una cama en habitación compartida sale $150 dólares la semana.

Además, al firmar el contrato te hacen dejar un depósito de $200 dólares, como garantía y el número de la tarjeta de crédito. Claro está que sólo me alojé  una semana, pero después salí corriendo de ahí, pero sirvió para conocer gente y hacer amigos.  Muchos de los chicos alemanes en su búsqueda de trabajo lo firmaron. Yo decidí buscar trabajo por mi cuenta llamando por teléfono. Con lo cual un par de días después logré contactar a un tal Kelly (indio) y nos fuimos con mi amigo alemán llamado Sebastian a trabajar en las Orchards (así se llaman) de kiwis. Nos pasaron a buscar unos indios y una mañana ya estábamos trabajando como si fuera en la India. Un trabajo cansandor porque te exige estar con la cabeza para arriba todo el tiempo y al sol todo el día. Un maorí llamado Lhasa, nos exigía rapidez al grito…”If you respect Lhasa, Lhasa respect youuuu ha ha ha (una risa larga)”, y otro nos exigía no perder las flores (había que apretar las puntas para que dejen de crecer pero había que encontrarlas entre las plantas).  Con lo cual al tercer día, nos dijeron que no había más trabajo. Pero eso fue mejor porque un par de días después, todo el grupo de alemanes del hostel y nosotros terminamos trabajando en otros campos y un trabajo mucho mejor, más tranquilo y mejor pago. Y así pasaron mis días en Te Puké esperando por Marce hasta el 30 de octubre…

Dibujando en Nueva Zelanda

El 4 de octubre finalmente llegué a Nueva Zelanda, luego de pasar una noche por Santiago. Todo el sufrimiento de los meses previos ya habían quedado atrás y ahora a empezar la nueva aventura.

10 días. Fueron los que viví en Auckland, la ciudad más poblada de Nueva Zelanda, con 1.3 millones de habitantes. Llegar después de una noche de 20 horas, y ver que me adelanté 16 horas en el tiempo, me obligó a reprogramar mi cabeza a los nuevos horarios. Dormir, comer, dormir, tener sueño y seguir durmiendo. Como una buena resaca.

En esos días, Marce y la Rubia -que ya estaban hace 4 meses- me pasaron a buscar y nos fuimos hacia el norte, a una playa que se llama Piha, -sí, con la pronunciación idéntica a la que la argentinidad hace llamar al elemento fálico-, nos divertimos mucho en el reencuentro con unos ricos mates en la playa y sacando fotos con todos los carteles del pueblo.

Luego de hacer papeles de trabajo, abrir cuenta en un banco y hacer todos los trámites obligatorios, decidí viajar hacia una zona donde decían que había trabajo seguro en una publicación. Te Puke. Un pueblo que se hace llamar la capital mundial del Kiwi.

Bariloche – Puerto Madryn – Buenos Aires (x 2)

Resumen de los idas y vueltas: El 10 de agosto llegó Marce a Buenos Aires, y después de un asado de domingo en familia viajamos a Bariloche. Una semana después cruzamos la Patagonia en tren en 13 horas, y de ahí 5 horas en bus hasta Puerto Madryn + 2 horas a Puerto Piramides. Frío. El frío más frío que vivimos… Ballenas:pocas. De ahí a Trelew y vuelta a Buenos Aires. Al otro día nos fuimos al Tigre a andar en lancha. Volvió el Calor!… cumple de Tete, fuimos a la cancha a ver San Lorenzo vs River (a hinchar por River en el medio de la hinchada de San Lorenzo). A San Telmo, a tomar un vino a Aldo´s, a la Viruta a bailar tango, al Malba a ver la exposición de Yayoi Kusama, hicimos las letras de mi sobri Lorenzo. Nos volvimos a Bariloche en camioneta, dormimos 2 horas en una estación de servicio de Neuquén hasta que nos echaron. Llegamos a Picún Leufú y logramos dormir con nuestras bolsas de dormir (ahí si que pasamos frío!). Una semana de mudanza y de familia, pintando el mural, jugando al Carrera de Mente y despidiéndome de mi lugar y mi gente (y cargando cajas en la camioneta). Pegamos la vuelta con tormenta de nieve. Dormimos en Neuquén, y la vuelta a Buenos Aires con lluvia y más lluvia… y llegamos a éstos últimos días haciendo trámites y más trámites para el viaje que se viene… 🙂

Un pasaje a Bariloche que cumple 11 años.

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Un día como hoy hace 11 años atrás, llegaba a Bariloche con éste pasaje de Andesmar… Con varios lagrimones este finde me despedí de mi lugar en el mundo quién sabe hasta cuando, pero con la alegría de saber que me voy sólo para perseguir más sueños. El tiempo pasa demasiado rápidoooo y sólo puedo decir que fui muy feliz!!! los quiero amigos barilochenses y gracias por todo!!! CARPE DIEM! 

Cruzando la Patagonia

Llegamos a Pirámides luego de un viaje hermoso de 12 horas en tren desde Bariloche hasta San Antonio Oeste, y de ahí 4 horas de bondy hasta Madryn. Llegamos a la tarde a Pirámides y nos recibieron las ballenas en la costa con un atardecer increíble… ayer hubo una tempestad que no nos dejó salir del pueblo. Y hoy… se largó a nevar con mucho viento… y el frío es mucho más frío que el de Bariloche… aaaaaaaaaaaaaaaaahhhhh… y las ballenas las vemos por internet…. jajaja! 🙂

Medellín

Y finalmente el amor me devolvió a las tierras colombianas de Antioquia. Luego de volver un mes a Bariloche, y pasar un mes en Bogotá, llegamos a Medellín, una ciudad increíblemente hermosa, con un clima delicioso. Me llevaron a conocer pueblitos increíblemente hermosos como Retiro, un pueblo cafetero colonial bellísimo, donde tomamos los mejores cafés y disfrutamos de unos días “super deli”.

Refugio Otto Meiling, Tronador – Bariloche

En mi lugar en el mundo, di cierre a un viaje inolvidable, de ésos que te marcan para siempre. No podía sentir que había llegado a mi casa, sin antes sentarme en el lugar donde nació éste sueño. Donde busqué consejos para cada decisión, y encontré las respuestas en el horizonte. Entendiendo que las decisiones que tomamos son las que nos definen, y la forma de dar significado a los sueños. Y una vez que se entiende eso, no queda más que seguir generando y persiguiendo sueños, durante toda la vida.

Cuba

Nuestra decisión de alquilar un auto y dormir un poco en casa de familias y un poco en el auto creemos que fue lo mejor para poder recorrer muchos de los rincones más lindos de Cuba. Este es un resumen de lo que vivimos en las diferentes ciudades:

La Habana

Viñales

Cayo San Guillermo

Guardalavaca

Holguín

Santiago de Cuba

Guantánamo

Baracoa

Moa

Trinidad

Cienfuegos

Santa Clara

Varadero

Trinidad

Luego de dormir en Holguín, nos esperaba un viaje de 500 km hasta Trinidad, pasando por Las Tunas, Guáimaro, Siboney, Camagüey, Florida, Ciego de Ávila y Santi Spiritus. Llegamos justo para ver el atardecer en el mar. Trinidad fue una de las ciudades más lindas y pintorescas de Cuba, con sus casitas de colores, caminar por sus calles empedradas, con las mesas en la calle y un grupo de salsa cubana que te hace bailar aunque no sepas bailar nada. Dormimos en la casa de una señora llamada Gloria, que nos despertó con un desayuno increíble.

Guardalavaca – Holguín

Llegamos ya pasadas las 23:00 hs a Guardalavaca, desde Baracoa, donde algunos caminos eran apenas transitables, pero despacito, logramos llegar. Como es nuestra costumbre no planificar llegamos sin reserva de nada y preguntamos en una estación de servicio si conocía a alguien que tuviera alguna habitación. Y dimos con una señora que nos llevó al medio de la nada, y nos quería cobrar fortuna, así que le agradecimos pero nos fuimos a seguir buscando. Ya a la medianoche vimos un cartelito en un cuarto piso de un edificio que aceptaban turistas y nos mandamos a tocar el timbre por unas escaleras a media luz. Una señora misteriosa de pocas palabras nos muestra una habitación ambientada con cortinas doradas como un hotel 5 estrellas (con unas toallas dobladas con forma de cisnes sobre la cama). Nos dice el precio (algo así como 25 dólares) y nos quedamos.

Al otro día por la mañana salimos para la playa pensando en partir al mediodía para Trinidad, pero al llegar, nos gustó mucho la playa, encontramos una sombrilla de hojas de palmera y no nos pudimos ir de la paz que encontramos… decidimos quedarnos todo el día a leer y dibujar, tomar ron y ver el atardecer en el mar.

Ya por la noche nos fuimos hasta Holguín donde pasamos la noche en otra casa de familia y ya temprano salimos para Trinidad.

Sumergido en otro mundo

El día de hoy me llevó a tomar otro bondy (mal llamado Van) hasta Tulum, donde tuve que caminar unos kilómetros hasta la playa. Y caminé toda la mañana por el borde de un mar turquesa, de esos que están metidos en la cabeza cuando uno se pone a soñar. Al mediodía llegué a Dos Ojos, un cenote natural increíble. CENOTE: una especie de lago con cavernas subterráneas, donde te podés sumergir a otro mundo. La oscuridad y la luz entran en una armonía perfecta. Y te regalan un espectáculo inolvidable. Un buen lugar para sentir cómo el aire te llena los pulmones, y sentir la presión en los oídos al sumergirte hasta donde puedas aguantar la respiración, pero saber que ese dolor te recompensa con imágenes inolvidables. Claro que también hay que apreciar a sus propietarios: los murciélagos, vigilándonos a los invasores. Las estalactitas que amenazan tu cabeza, y los pasadizos (secretos) que te transportan a otra caverna de cuento. Los peces se abren para darte paso, como dándote la bienvenida a su mundo.

Akumal

¿Qué es disfrutar un momento? Hoy, visité la playa de Akumal, un paraíso protegido de tortugas de mar. Y me sumergí en un lugar increíble, donde los corales son el refugio para miles de especies de peces, de todos colores, y así sentir que uno esta volando con ellos. Y luego de un rato, me encontré con la paz de una tortuga, y nos pusimos a nadar juntos… y mi imaginación se puso a generar un diálogo de locos con ella, y a pensar otra vez en que algún día voy a querer volver a este momento. Y entonces me pregunté ¿Qué es disfrutar un momento? Será generar un momento, al cual querrás volver a vivirlo alguna vez? Cuando decimos “disfrutá mucho”, ¿qué queremos decir? Me gusta pensar en que el día de nuestra muerte, tenemos la posibilidad de volver a estos momentos en que fuimos felices. Por eso hay que tratar de buscar muchos. Pero claro que hay mucho de verdad en eso de que “la felicidad sólo es real cuando es compartida”… porque nadando con esa tortuga, pensaba en las ganas que tenía de compartirlo con alguien. Entonces, ¿verdaderamente lo disfruté? Ó habrán porcentajes de felicidad, entendiendo que disfrutar es el grado de felicidad que se alcanza por algo, como si la misma se pudiera medir? Qué conexión puede haber para sentir que uno esta acompañado por uno mismo? Y disfrutar como si el alma pudiera dividirse en dos. Como cuando nos hacemos preguntas y nos contestamos a nosotros mismos, como si fueramos personas distintas… En fin, llegué a la conclusión de que todo es relativo. Y que no se debe analizar la felicidad, simplemente hay que valorar que uno esta vivo y que el presente es el mejor de los regalos. Y de que hoy viví el presente de una manera increíble, generando esos momentos a los cuales algún día voy a querer volver.

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Chichien Itzá

Creían en 166 dioses distintos. Un calendario solar, otro lunar. Una serpiente emplumada que anuncia la aparición de dios, dos veces al año. Ofrendas en sangre. Extracción de corazones en el templo del guerrero. Sacrificios de mujeres sagradas, las cuales debían nacer entre el 20 y el 25 de julio. La pelota como juego mortal, donde los vencedores regalaban su cabeza a los dioses, para lo cual se preparaban toda la vida. Donde la familia real monopolizaba el conocimiento de los calendarios. Los guerreros serpiente, y los guerreros águila. Un metro y medio de altura promedio. No momificaban. No conocían la rueda. Pero ya tenían conocimientos del sistema binario. Y de los ciclos solares a la perfección. Datos que hacen trasladarme 600 años atrás e imaginar miles de personas, un 21 de marzo, esperando la aparición de la serpiente, anunciada por el Jefe, disfrazado con piel de Jaguar (en la mitología Maya era el protector de los campos y cosechas). Con un grito que haría eco en la pirámide, construida sobre otra menor. Y el dios del miedo, que siempre aparece, otra vez hacía que el pueblo se acercara a tributar a la familia real -a cambio de su bendición-. Familia que contaba con el conocimiento previo de la arquitectura de la pirámide, y su efecto con la posición del sol en sus equinoccios. Nada sorprendente, cuando el miedo fue y sigue siendo el método utilizado por la mayoría de las religiones. El sol, que sofocaba, no podía con mi curiosidad de observar cada detalle, pero lo que más me sorprendió fue el “campo de juego de pelota”. El ritual de los equinoccios, un juego que consistía en pasar una pelota de caucho de 2 kg, por un diminuto aro ubicado a 7 metros de altura. Los vencedores, serían decapitados para ganar la inmortalidad. Y luego de escuchar todo esto me puse a pensar en cómo -incluso hoy- una persona puede creer tanto en un dios como para regalarle su vida, y así creer que la vida de un dios es más importante que la de uno. En tal caso, creo que dios esta en uno mismo, y al morir, muere con uno. Pero demasiada reflexión para un día tan sofocante. Mejor, me voy a dormir, que mañana me espera algo increíble. Voy por otro sueño. Y esta vez está cerca, muy cerca. 🙂

México D.F.

Y un día, cumplí otro sueño: el de pisar tierra mexicana. Si bien no pude hacerlo como lo tenía planificado -por tierra-, estoy feliz de haber llegado hasta acá… y finalmente, el misterio del “Pasaporte de Emergencia” se develó… en migraciones de Bogotá me demoraron, pero en México no tuve ningún problema. Después de recorrer y vivir más de un mes en Colombia, sigo viaje… Gracias por todo Colombia!!!! No pude haberlo pasado mejor!!! 🙂

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Estuvo movido llegar a Cancun, porque estuve “ahi” de perder el vuelo de conexión pero mi condición atlética y mi poder de intuición, pudo mas que mi mala suerte: que se demore el equipaje y que me toque la luz roja para que seguridad aeroportuaria deba revisarme toda la mochila faltando 10 minutos para que cierre el embarque, y darme cuenta que después de eso tenia que tomar un tren a otro aeropuerto)… y despues de correr y correr, llegar y ver que demoraron el vuelo….es pura suerte… jeje…

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Barú

Sentados en un banco de una plaza, hablando con viejitos que le daban maiz a las palomas, esperando en Cartagena por cruzar a Panamá (o no), tomamos la decisión de viajar a la Isla Barú. Una lancha rápida, luego de regatear muchos precios y lograr un almuerzo gratis -pero soportar que nos tengan de rehenes en un acuario al cual no entramos-, llegamos a la Isla. Compramos cinco litros de agua, de los cuales sobraron cuatro, pero nos quedamos cortos con las galletitas y el fiambre. Pero gastamos toda nuestra fortuna en cervezas, fieles testigos de nuestras charlas de mar, en donde el tiempo no parece pasar. Las risas y los vendedores ambulantes se mezclan en la tarde, y hacer la plancha en el mar turquesa es una ley que inventamos para no morir hasta la noche. El sol traicionero te quema sin avisarte, pero la sombra del parador nos ayuda a enfrentarlo. La tarde es un buen momento para escribir, y dibujar, y pensar en que el tiempo no pasa, ó sólo es un momento en la vida. Y quizás pensar no es lo aconsejado, porque terminan escribiéndose cosas como éstas:
“Quizás el tiempo parece volver, en ésta mágica tierra colombiana. Pensar que alguna vez pisé esta isla y pensé en volver, y mis pies hoy la pisan otra vez. La nostalgia no juega su juego, porque acá estoy, pensando en dar la vuelta al mundo, sin saber cómo. El abrazo de la amistad que se me cruza en el camino, el color del mar, la arena blanca, y recordar tus ojos en el horizonte, son juegos que se oponen a la realidad. Los pies dibujan el camino, el mar lo borra ó lo sella para siempre. Las risas de estos momentos serán por siempre dibujadas en este cuento. Tus dibujos, y tus palabras, volverán una y mil veces para acompañar las huellas solitarias que deje en el camino de esta arena”.
Y así, el día siguiente llegó, y la vuelta fue una nueva aventura, volviendo en una moto, los tres y una mochila. Sí, los tres y una mochila en una moto. Luego de regatear tanto un precio, volvimos de esa forma con la esperanza de ver Real Madrid vs Barcelona. Cruzamos en una canoa un río, y volvimos en un colectivo local, en una hora hasta la ciudad. Para llegar a ver un partido que ya se había jugado hace 2 horas. No tuvimos más alternativa que ir por unas cervezas, y olvidarnos de todo. Otra vez en la ciudad, a seguir esperando por el velero que nos cruce a Panamá…

Bogotá

Qué decir de Bogotá? Con su caos normal de cualquier ciudad grande. Con sus bocinas que parecen multiplicarse. Subirse al transmilenio, que cruza toda la ciudad (y no te pases de la parada como yo!). Caminar por La Candelaria con Marce y con Dani haciendo de guía, evitar las entradas a las Iglesias, cruzar esa plaza con tanta historia, tomar un café Juan Valdéz en una esquina, caminar por el barrio La Macarena y su pintoresca Plaza de Toros. Caminar por la peatonal, viendo trabajar a los grafiteros ó a algún saxofonista –que genera inspiración en la imaginación de Daniel para generar historias- jaja. Pero para mí, Bogotá fue vivir en La Vachela. Subir sus escaleras y entrar a la casa de Guadi, Marce, Pulé, Ana y Cristian es cargarse todo el tiempo de buena onda. Llegar a la terraza y acostarse en una hamaca, ver los edificios a lo lejos, tomar una cerveza, o simplemente escuchar a estos personajes criticar a sus vecinos de enfrente, es garantizar las risas. Organizar una fiesta en Bogotá, donde te reciban con Fernet y Coca, y la encargada de la música sea fanática de Rodrigo, es sólo pura felicidad. Reencontrarme con Guadi, y volver a recordar esos momentos de la secundaria que el tiempo no va a poder borrar. Y agradecerle una y mil veces por recibirme siempre con tanta onda, como a la loca linda de Marce, con sus pilas paisas, y que siempre se encargó de dibujarme una sonrisa (y de devolverme las ganas de dibujar). Simplemente a todos, les digo GRACIAS! 🙂

 

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Ruta del Café

“…pero un buen viajero sabe que, cuando se pierde un tren en la vida, no hay más remedio que tomar el siguiente sin mirar el destino. A fin de cuentas, lo que vale es viajar, elegir un paisaje, perseguir un sueño, cargar la propia maleta y renunciar al resto…”. Así, mi tren se perdió por el Amazonas, y el próximo me llevó a Bogotá. Y sin pensarlo, y sin planearlo, terminé eligiendo la Ruta del Café como paisaje. Y cuando el día en que me robaron dije que todo pasaba por algo, no pensé que tan pronto me iba a dar cuenta del porqué. Y llegar a sentir eso que “de vez en cuando la vida, toma conmigo café, y esta tan bonita que da gusto verla “. Simplemente por llegar una tarde de lluvia a Armenia, y al otro día disfrutar de las calles de un pueblo que no tenía en mi mapa llamado Salento, escribiendo una página nueva, recordando que mi tren iba para otro lado, pero que este tren me tenía preparada una estación increíble que de no ser por el robo de mi mochila, me hubiera perdido. Y de estación en estación, el viaje fue dibujando un presente de risas, de cafés, de compartir, de caminar de la mano, de pedir dos cervezas, cuatro, seis. De mirar las casitas de colores, los balcones de cuento, las costumbres paisas, de un atardecer compartiendo un ron en el balcón, jugar al billar en un bar, apostar el honor, recorrer las calles vacías por la noche, regalando risas a la luna, siguiendo la luz de sus faroles perfectos. Subirse a un Jeep hasta el Valle del Cocora, donde el camino de curvas y verdes te marea de belleza. Seguir los senderos hasta uno de los paisajes más lindos que mis ojos vieron, sin entender porqué existen palmeras tan altas en el medio de una montaña. Sin respuestas lógicas, abandonar el paso para tirarse al sol en el pasto, y abrazar ese paisaje. A cerrar los ojos para soñar un poco, y confundir la vida con el sueño. Los días pasan y el café va tomando sabor, a ese que no se encuentra en cualquier esquina. Las máquinas que lo sirven no parecen reales. Cada una tiene su marca, su estilo, y aparentan heredarse de generaciones pasadas. Los paisas te sirven el “tinto”, café negro increíblemente rico servido en su pocillo. Claro está, luego de comerse unos patacones (plátanos fritos cortados) y la mejor trucha ahumada de la historia que recuerde mi paladar. Y dibujar los momentos en un cuaderno, fue parte de esta historia. Y la ruta del café, fue llegando a su fin en la ciudad de Manizales -lejos de ser un pueblo chico-, pero sin perder sus costumbres y tonadas paisas, visitando el barrio de Chipre, y su ventana a un valle de plantaciones de café interminable, cruzando las casitas por el aire con un telesférico, que termina su recorrido en la terminal, y que luego de un viaje de 8 horas nos devolvería a la ciudad de Bogotá. Y en alguna parte del camino, desde la ventana del colectivo, apareció un símbolo del yin y el yang. Y no fue en cualquier momento, fue en el momento que tenía que aparecer para recordar que las cosas malas, siempre tienen su lado bueno. Y el lado bueno puede lograr que esas cosas malas, pasen a ser una anécdota. Al llegar a Bogotá, retiré el nuevo pasaporte, y lo que en algún momento fueron problemas, se solucionaron. Y una vez más, el camino vuelve a enseñarte que la vida siempre te compensa. Y una vez más, sigo feliz de seguir dibujando el camino.