Francesca´s – Wood Fired Pizza – Wanaka

Ésta es la pizzería del pueblo. Es un trailer con un horno, dentro de un terreno con canchitas de golf y en el fondo una zapatería…

Francescas

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Dibujos mochileros

carpa halls gap

Este dibujo tiene una linda historia. Salió de cuando nos quedamos dos semanas en carpa en un Parque Nacional a 3 horas de Melbourne, al sur de Australia, donde pasamos la noche de año nuevo en el medio del bosque y montañas, sin luz eléctrica y rodeados de canguros. Estábamos a la espera de la decisión de migraciones de aceptar la visa de Marce para cruzar a Nueva Zelanda, con muy poca plata, las tarjetas en rojo, y sin saber todo lo que nos iba a pasar. Al final, la visa se aprobó, pudimos viajar y el destino nos trajo hasta Wanaka, donde todo se fue acomodando. Un año y medio después de este dibujo, seguimos en éste pueblo del cual nos enamoramos por su tranquilidad y belleza.

¿Por qué Vamos Dibujando el Camino?

 

Evolución
Evolución

Allá por principios de septiembre de 2012, sentado frente a la computadora en mi trabajo -como vendedor de productos financieros en un banco-, soñaba con la posibilidad de largar todo y hacer el viaje que siempre soñé.

El 1º de enero de 2013 partí desde Bariloche (Patagonia Argentina) con rumbo norte sin demasiados planes. Antes de salir,  se me dió por crear la página “Vamos dibujando el camino”, y en ella escribí ésto: “Esta mochila va cargada de sueños, y de todos esos momentos de mi vida que me hicieron reir y llorar. Entendiendo que todo es “perfectamente como tiene que ser”, y que las cosas buenas y malas –como todo viaje- dibujan un camino hacia un lugar, al que en algún momento se llega… Pero que la vida es eso que pasa durante el viaje. Armar esta mochila es una de esas respuestas del tiempo. Hoy, la misma se prepara para vivir, para emocionarse, para explorar, para descubrir, para caminar, pero sobre todo para conocer nuevas personas y esas experiencias de vida. Esa gente que el destino dice que por algo tenés que conocer. Esta mochila esta preparada para vivir. Para dar el primer paso hacia la vuelta al mundo”….

Los días fueron pasando y de tanto andar aparecí en el Amazonas. En la mochila grande llevaba mis sueños. En la mochila chica toda la plata, la cámara con todas las fotos del viaje y el pasaporte. Ésta es la que me robaron al subirme a un barco de carga en Iquitos, Perú. Por esa razón tuve que hacer 600 km por el río Amazonas y llegar a una triple frontera sin pasaporte ni permiso de salida. De alguna forma logré pasar y llegar al aeropuerto donde tenía un pasaje hasta Bogotá, Colombia. Un pasaporte de emergencia en la embajada Argentina tardaría 10 días en llegar. Tiempo suficiente para que el destino me presentara a una colombiana tan divina como loca, con una botella de fernet y bailando cuarteto.

Unos días después, estábamos recorriendo juntos la Ruta del Café (Armenia, Salento, Valle del Cocora y Manizales), donde me dí cuenta que a ella le encantaba dibujar las cosas que pasaban en el viaje.  Y me hizo dar cuenta, además,  que dibujar lo que ves en el camino te hacía observar con detalle cada lugar y cada momento, para disfrutarlo un poco más. Y de tanto verla dibujar, me dieron ganas de dibujar a mi también. Y a ella le dieron ganas de viajar. Una combinación perfecta.

Y así, entre dibujo y dibujo, nos enamoramos  y decidimos empezar a dibujar el camino juntos, para darle el sentido a la página que -como una premonición- había nacido antes de comenzar el viaje…

 

La Comunidad Viajera

Desde hoy, Vamos Dibujando el Camino forma parte de La Comunidad Viajera.

LA COMUNIDAD png 2

Para que tengan una idea, se trata de una Comunidad de más de 70 viajeros desparramados por el mundo, donde cada uno de ellos comparte a través de sus blogs, relatos, crónicas, guías, consejos, reflexiones, videos y fotos del lugar que están visitando o que ya visitaron.

Entre ellos hay muchos que admiramos y tomamos como referentes. Y otros que de a poco iremos descubriendo.

Pero más que nada se trata de locos lindos que buscan motivar a sus lectores a salir de viaje, sea en bici, a dedo, en avión ó soñando un poco.

Por eso, los invitamos a espiar a todos éstos locos a quienes les apasiona viajar. Nosotros, los acompañaremos dibujando el camino.

https://www.facebook.com/groups/LaComunidadViajera 

comunidad viajera

Entrevista: Lapicera en Mano

 

lapicera en mano logo

 

Por IVAN LUKMAN 

 

ivan

VAMOS DIBUJANDO EL CAMINO 

ver link:

 https://www.facebook.com/LapiceraEnMano

El sábado 20 de diciembre me encontraba en busca de charlas de viajeros por YOUTUBE cuando apareció un simpático video

https://www.youtube.com/watch?v=9lq-uAJBhBg

Me lleno de tanta curiosidad saber bien lo que hacían, que detuve por un rato lo que venia haciendo, diagramé algunas preguntas, las deje reposar y al día siguiente después de releerlas, las mande.

A las pocas horas tuve la primera respuesta a mi mensaje ideal, encontrándome con dos personas sumamente agradables, cálidas y con buenas energías. Despues al leer las respuestas encontré muchos puntos de conexión con mi vida y otros detalles que no revelare para que no se pierda el disfrute de leer.

Y ahí va la primera entrevista de este ciclo, que lo disfruten:

A primera vista uno piensa que este proyecto nació en dos cabezas, pero no, nació en una y aunque muy claramente lo contas en el blog, me gustaría volverlo a escuchar?

En realidad, el proyecto nació en las dos cabezas. El nombre del blog fue la “coincidencia” que nos llevó a pensar en el proyecto. Ese nombre sólo nació como una forma de contar el viaje que estaba por emprender, sin saber que las coincidencias y el destino me llevarían a cruzarme -y enamorarme- de una (hermosa) ilustradora. Eso es parte de la magia. Por eso si están proyectando un blog, tengan cuidado con el nombre que deciden ponerle. Imagínense si se me hubiera ocurrido el nombre “construyendo el camino”… ¿hubiera conocido una arquitecta? en fin… ¿quién sabe?. La cuestión es que salí de mi casa un 1º de enero desde los caminos de la Patagonia Argentina, y un 15 de febrero, conocí -en Colombia- a esta persona maravillosa que hasta el día de hoy me dibuja una sonrisa. Y con sus ganas de dibujar, y mis ganas de viajar, nació éste loco proyecto de dibujar por el mundo.

Ahora si en la historia hubo un quiebre, paso a ser una historia de dos y siempre empieza con un cruce en el camino, como fue ese momento?

Sin esperarlo, sin planificarlo, no nos dimos cuenta y estábamos juntos. Y unas horas después de conocernos, ya estábamos disfrutando de los caminos y los aromas de la Ruta del Café. Sin entender cómo, sabíamos que había mucha conexión, pero en ese entonces no entendíamos cuánta. Y cada amanecer de los pueblos cafeteros, cada tarde de lluvia tropical y sol, de bandejas paisas y patacones, cada noche de salsa y ron, atentaron contra mi plan de seguir hasta México por tierra solo. Porque me daba cuenta de lo mucho que disfrutaba de viajar compartiendo y dibujando el camino de esa forma. Entonces el plan se modificó, y decidimos -después de un rápido viaje a México- encontrarnos en Cuba. Y como el viaje soñado, recorrer todos los rincones de esa isla insoportablemente mágica.

Y ese cruce de caminos, no fue sólo un momento, terminó siendo una suma de muchos momentos inolvidables.

Marce a los 25 años empezaste a dibujar y nunca paraste, como fue encontrar esa pasión que te llevara a dibujar cada día?

Estudié diseño y no sabía dibujar. No es un chiste, nos sabía dibujar nada de nada. En el último semestre, muy preocupada por mi futura vida laboral, empecé unas clases de dibujo. Todos los viernes en la tarde subía al último piso de la biblioteca y con lápiz en mano empezaba mi clase. Luis, mi gran maestro, no me enseñó a dibujar sino a mirar, me enseñó a ver las líneas y las manchas en las cosas, me mostró que en mis garabatos estaban todas las líneas necesarias para componer mis dibujos y así, dejando a un lado mi frustración, empezó a llegar mi nueva adicción. Dibujaba día y noche con el fin de mejorar la calidad de mis mamarrachos, me frustraba no poder hacer lo que tenía en la cabeza: dibujar, como aprender cualquier cosa nueva, se trata de ser constante, de hacerlo aunque me frustre y aunque me de pereza. Un día en un video de Yoga “mi profesora” dijo que los días en los que uno siente mas pereza de hacer yoga son los días en los que mas se debe hacer, eso es lo que fortalece la mente y eso fue lo que apliqué con el dibujo (porque haciendo yoga fracasé jaaa): me propuse hacer un dibujo diario, un dibujo de lo que fuera pero no dejar pasar ni un día sin hacerlo. Después de un tiempo eso se convirtió en un hábito, en una necesidad y en una profesión.

Leandro decís que sos un fotógrafo que vive disparando alguna imagen, si tuvieras cada foto que has sacado tirada en el piso, cual erigirías y por que?

Si tuviera cada foto que he sacado en el piso, podríamos superar la altura del Everest por varios metros. Y sería difícil encontrar esa que me gusta. Es muy difícil elegir una sola. Hay muchas fotos que me gustan por la foto en sí, y otras las elegiría por el recuerdo que me traen. A mí me gustan más esas que te llevan a algún momento.

Por ejemplo, ésta foto me lleva a Salento, a la Ruta del Café de Colombia. Y a todo esos momentos que vivimos.

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Esta foto me lleva a dibujar juntos en la Plaza de la Revolución de La Habana, sin nadie alrededor.

Plaza de la Revolución
Plaza de la Revolución


Dibujando en Sydney,

Dibujando en el teatro
Dibujando en el teatro


Ésta me lleva al Amazonas, y a toda esa experiencia inolvidable de viajar 600 km por ese río interminable.

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Ésta me lleva a la tarde que se hizo noche por la ceniza del volcán Puyehue, que cubrió de cenizas parte de la Patagonia.

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Y por último elegiría ésta foto, que fue tomada en un lugar sagrado para mí, donde nacieron todos los planes de mis viajes: los glaciares del Cerro Tronador, cerca de Bariloche.

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Y otra cosa que me quedo dando vueltas en la cabeza es que dices ser un escritor frustrado, porque te consideras así, ya que he visto que el viaje pasa por tu pluma?

Lea: Me considero un escritor frustrado porque me encanta escribir, pero me gustaría escribir mucho mejor de lo que escribo. Tuve la bendición de tener profesoras de literatura increíbles que me dieron las herramientas necesarias para volcar lo que quiero transmitir al papel (claro que las decepciono todo el tiempo jeje). Pero lejos estoy de ser un escritor, por eso lo de frustrado. Con esto simplemente quiero decir que me gustaría -algún día- tener algo extraordinario para contar y tener los recursos para expresarlo. Pero ese día, para considerarme un escritor debería ser metódico y perseverante, algo que no figura en mi diccionario. Con el proyecto de nuestra página, surgió la posibilidad de tener un espacio para expresar algo con una mezcla de dibujos y palabras que -con el tiempo-, podría llegar a ser extraordinario. Para eso, debo utilizar esas herramientas para expresarlo, y de a poco, comenzar a ser metódico y perseverante. Y quizás ese día pueda considerarme un mal-escritor conforme, y no un escritor frustrado.

Adentrándonos un poco en el proyecto de los países que han transitado cual fue el que mas los inspiro?

Marce: Al segundo día de conocernos empezamos a dibujar juntos. Estábamos en Colombia recorriendo la ruta del Café, nos sentamos en una cantina y frente a una greca (cafetera industrial) empezamos a dibujar, los dos, con una cerveza en la mano, con un lápiz en la otra y en absoluto silencio nos conectamos a través del dibujo. Después estábamos en Cuba en la misma situación: nos sentamos en la plaza de la revolución frente al edificio con la cara del Ché y dibujamos, igual, en silencio. Así nos pasó en Sydney y en Wanaka. No existe un lugar de inspiración, existe mas bien una necesidad de contemplación de un lugar o de una situación la que nos lleva a dibujarla, a no querer salir de ese momento, a querer saborearlo hasta a puesta de sol. Los Países son solo lugares, pero las experiencias que nos llevamos son únicas y personales, todos podemos sacar las mismas fotos o hacer los mismos dibujos, pero cada uno te va a contar la emoción del lugar de mil formas diferentes.

y como es el proceso de inspiración?

Marce: Todos los días nos pasan cosas que vamos almacenando en nuestro banco de experiencias. Viajamos, trabajamos, nos lavamos los dientes o regamos las plantas. La inspiración es producto del trabajo y del cuestionamiento, llega con la necesidad de materializar una experiencia. A veces no tenemos ni idea de como darle forma pero las neuronas creativas van trabajando hasta que un día en medio de una ducha caliente te dictan exactamente como hacerlo. No estamos “inspirados” todos los días pero todos los días nos ejercitamos para que cuando la idea llegue la podamos poner sobre el papel.

Lea: La verdad es que uno es exigente y quiere lograr ese estado con sólo tomar un lápiz. Pero no, a veces la inspiración se va de viaje, como nosotros. ¿Cómo llegamos a inspirarnos? ni idea. A veces salen cosas extraordinarias. A veces nos pasamos horas mirando la hoja en blanco y… así queda. “Hoy tengo ganas de dibujar”…tomamos un block de hojas, un lápiz, y nos ponemos a pensar. A veces estamos en un tren, en un colectivo ó en la calle y se nos ocurren mil ideas, por eso Marce lleva a todos lados su “cerebro”, el cual consiste en una pequeña libreta donde anota todas sus ideas.

Dibujamos con palabras un poquito de ustedes y el proyecto, ahora por donde caminan sus pies y dibujan sus manos?

Ahora, y desde hace un año estamos en Wanaka, un pequeño pueblo al sur de Nueva Zelanda, arrendamos una pequeña casa, salimos a trabajar a las 7 de la mañana, tenemos horario, uniforme y un sueldo semanal. Vivimos cerca del lago y hemos visto las montañas llenarse de nieve y descongelarse de vuelta, reconocemos los patos con sus patitos, cocinamos todos los días y dibujamos en las tardes. Tenemos la vida mas tranquila que hayamos tenido jamás. Estamos trabajando y ahorrando para salir de viaje mientras sembramos flores en el jardín y hacemos asados con los vecinos filipinos.

 

 

Soñando con India

 

 

Uno de los tantos sueños que encabezan nuestra larga lista es viajar a India, y sentarnos tranquilos a dibujar el Taj Mahal, apreciando todos sus detalles directamente.

El plan está, el tiempo nos va acercando, y es uno de los tantos dibujos que nos va llevando a ese sueño.

Mientras tanto, me pongo a dibujarlo como adelanto de ese día.

 

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Pd: éste dibujo lo hice siguiendo un tutorial muy bueno de perspectivas en youtube  https://www.youtube.com/watch?v=WwrMGFrmWxo

 

El árbol mágico de Wanaka

 

 El viernes pasado debíamos presentar 3 obras para la segunda exposición de arte del pueblo. Marce -que es la que sabe- se puso a dibujar muy juiciosamente y presentó una acuarela increíble. Yo, en cambio, muy vago, me puse a dibujar un par de días antes, y como recién estoy empezando con ésto de la acuarela -sumado a que estamos laburando todo el día- y nos queda poco tiempo, no llegué a presentarla. Pero al menos quedó registrado ante las cámaras que lo intenté!

Éste árbol es la postal del pueblo, y como me tenía hipnotizado, no podía dejar de dibujarlo, a mi manera…

 

 

 

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Mil distintos tonos de verde

 

Por fin en ésta parte del sur ya empiezan los días lindos, después de sobrevivir al invierno. El frío parece despedirse de a poco. Por eso se puede disfrutar un poco más de éstos paisajes increíbles que nos regala Nueva Zelanda.

Salí por la mañana con la idea de subir a una de las montañas más cercanas a Wanaka -el Roy´s Peak-. Pero al llegar, en el ingreso al sendero había un cartel que advertía “The track is closed for lambing”, es decir, que el camino estaba cerrado por ser temporada de parición de corderos y evitar molestar a las ovejas. Por eso decidí seguir por la ruta hasta llegar a una bahía llamada Glendhu Bay. Me mandé por un sendero y encontré una playita perfecta para sacar mis sandwichitos, la botella de agua y desconectarme de todo.

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Y cuando me desconecto de todo, me dan ganas de dibujar.También funciona en el sentido inverso: cuando dibujo, me desconecto de todo. Es una de mis formas de meditar.

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Pasaron unas horas y decidí seguir viaje por un sendero angosto que bordeaba el lago. En partes, las subidas eran empinadas, con acantilados vertiginosos, y con vistas increíbles. Un poco riesgoso para una bicicleta con pocos frenos, como la mía. El sendero -de aproximadamente 12 kilómetros- cruzaba campos con “mil distintos tonos de verde” -como dirían los Chalchaleros, pero de tierras demasiado lejanas-.

Miles de ovejas manchaban los campos verdes de puntos blancos. Y la luz de un día seminublado, le daba movimiento a una escala de grises. Las rocas negras al costado del lago, te invitaban a jugar en un planeta lejano. Y pájaros de todos colores que no se veían en el invierno volaban sobre mi cabeza y me daban ganas de saber de dónde provendrían y cuándo habrían comenzado su migración.

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Una oveja me mira -protegiendo a su cordero-, preguntándose qué hace un tipo tan raro como yo perturbando su paz, por eso trato de alejarme para que no se asuste. Sólo se escucha el viento entre los árboles y el rechinar de mi bicicleta cansada. Una imagen de tranquilidad absoluta.

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Me pongo a pensar en que la primavera no sería tan emocionante si no hubiéramos vivido antes un invierno tan frío, como el que pasamos. Y que la vida es lo mismo, los inviernos se hacen largos, pero la primavera siempre llega.

Como siempre me digo, éstos son momentos en los que alguna vez voy a querer volver algún día. Por eso cierro los ojos, me imagino dentro de muchos años recordando éste momento.  Abro los ojos, y vuelvo a vivirlo. 

Con gaviotas, patos y gorriones mendigando migas de pan de mi sandwich, el sol se esconde detrás de las montañas todavía manchadas de nieve.

Otro día se termina con la sensación de haber vivido…

 

 

 

La vuelta al mundo, las deudas y un alma inmortal

Hace dos años, emprendía éste viaje, que comenzó el día en que envié mi telegrama de renuncia. Corrían días de tomar decisiones.  No tenía plata. Sólo acumulaba sueños y deudas. Y si en ése momento me preguntaban cómo lo haría, no sabía. Todo parecía una locura. Sólo sentía que era el momento justo. Pasaba mi tiempo libre mirando mapas y proyectando viajes.

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Con la premisa de “soñar como si no tuvieras límite de tiempo ni de dinero”, cuando los límites que tenía eran -justamente-, el tiempo y el dinero. Pero con la fuerte convicción de que al hacer eso, algo en el universo se transformaba para que se hiciera realidad.

-“(…) me dije que el alma sabe, de un modo secreto, que es inmortal, y por eso podemos emprender cualquier empresa, ya que si no la concluimos en esta vida, la concluiremos en la otra o en las otras (…) si no soy borrado por la muerte, intentaré otra aventura, que puede ser tan interesante como la de esta vida”. dijo alguna vez un tal Borges.

Cuando Borges habla de “empresa”, habla de sueños. Y en ese caso, yo me considero todo un empresario.

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A mis 34 años, tomaba la decisión de emprender mi empresa: dar la vuelta al mundo. Y mi decisión se basaba en hacer lo imposible, para hacer algo de todo lo que soñaba. Esa es la forma en que me siento consecuente con todo lo que quiero ser.

Es por eso que un día salí a recorrer los caminos de Latinoamérica, sin saber que en el camino me iba a cruzar con Marce. Así, aquella decisión pasaba a ser mucho más importante de lo que alguna vez soñé:  de tanto verla dibujar, me dieron ganas de dibujar a mí también. Y a ella le dieron ganas de viajar. Una combinación perfecta. Así nacía nuestro proyecto de dibujar la vuelta al mundo juntos, y los pocos planes que tenía se desviaron para transformarse en algo increíble.

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Desde ese entonces, aquellas empresas -de las que hablaba Borges- me invitaban a creer que nada era imposible. Que hay que encarar los sueños como si fueran aventuras que en el caso de no concluirlas en esta vida, se concluirían en alguna vida siguiente, pero que hay que hacer lo imposible en el presente. Y concluidas, pasar a la siguiente aventura. De ésta forma, se deja a un lado a la muerte, como un actor de reparto de nuestra película.

Así, hace un año atrás, llegaba a pisar Nueva Zelanda, con la idea de -además de disfrutarlo- usarlo como un puente a Asia y comenzar a dibujar esa vuelta al mundo.

Un mes después que yo, llegaba Marce, con el plan de acompañarme, mientras yo trabajaba con mi visa “Working Holiday”, bajo el sol de los campos de kiwis de la isla norte.

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Pero como todo plan, siempre puede fallar, ó al menos desviarse…

IMG_0020Solicitamos una visa de turista por 3 meses renovables.  Pero alguien en la embajada de Nueva Zelanda de Washington (la que corresponde para Colombianos), determinó que ella era un peligro para la sociedad y aprobó la visa sólo por un mes sin la posibilidad de renovarla dentro del país (limited visa). Con lo cual, la nueva aventura pasó a ser resolver un problema de papeles migratorios que nos llevarían a la embajada de Nueva Zelanda en Australia. A gastar todos nuestros ahorros y endeudarnos en uno de los países más caros del mundo. Con la incertidumbre de lograr -ó no- una aprobación para volver. Después de 40 días, la visa se aprobó (también por un mes) y pudimos ingresar nuevamente a Nueva Zelanda. Sin muchos planes, con poco y nada de dinero y las tarjetas al rojo vivo.

Pero como “mi alma sabe que es inmortal y por eso podemos emprender cualquier empresa”, por dentro tenía la sensación de que algo bueno nos esperaba. Unos amigos de Bariloche nos contactaron con un amigo que conocía nuestra historia por nuestro blog y que hace años trabajaba como gerente en un supermercado de la isla sur.

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Y a los pocos días, comencé a trabajar en el sector de beer & wines (cervezas y vinos)…

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Pero pasado el mes, la visa de Marce vencía otra vez y debíamos solicitar una nueva. Y así, entre trámites, demostraciones de convivencia, incertidumbre, gastos en dólares con pocos ingresos y mucho estrés, la renovamos dos veces más. Hasta que luego de cuatro meses, logramos que el supermercado me extendiera un permiso de trabajo (Work Permit), y así conseguir una visa de acompañante (Partnership) para Marce. Luego de tanto incertidumbre, lográbamos conseguir una visa estable por el término de un año.

Es el momento de establecerse por un tiempo para pagar deudas del viaje, liberarnos de tarjetas, préstamos bancarios y ahorrar lo suficiente para seguir viaje a Asia.

Es por eso que hoy estamos viviendo en un pueblo increíble (Wanaka), donde se respira paz, las casas no tienen llave y el paisaje es digno de un escenario creado por Tolkien. El destino no pudo haber elegido un lugar mejor para darnos una pausa a nuestro viaje. Y usar esa pausa para comenzar a diagramar el libro que queremos dibujar para inspirar a aquellos que quieran espiar nuestros pasos.

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El destino está escrito, y a la vez es una bola de flipper. Me apasiona pensar que el tiempo  de un semáforo puede cambiar tu vida, y la vida de miles de personas. Podemos planificar todo, pero no podemos manejar los imprevistos. Son desvíos que nos regalan un montón de vida. Por algo la mayoría de las anécdotas son siempre momentos que uno no puede prever.

Y a cada paso me gusta reír. Busco compartir cada momento. Tomarme el tiempo para meditar, para apreciar los paisajes nuevos. Caminar en la oscuridad y ver las estrellas en el cielo. Preguntarme si debe de haber alguien en alguna de ellas, del otro lado. Me emociono con las cosas simples. Extraño a los que están lejos, a los que no están. Los imagino. Los abrazo. Aunque no lo sepan.  Y eso me hace sentir más cerca que si estuviese cerca. Y en los momentos de rutina viajo dentro de mí mismo. Pienso en todos los momentos que nos llevaron hasta ahí.

Y por alguna razón el viaje nos trajo hasta acá con cada adversidad.

Pero siempre recordamos que las herramientas más valiosas que una persona puede tener: la sonrisa y el respeto. Conscientes de que el viaje esta lleno de desafíos. Y que esas pruebas son las que nos hacen viajeros.

(…) y me dije que el alma sabe, de un modo secreto, que es inmortal, y por eso podemos emprender cualquier empresa, ya que si no la concluimos en esta vida, la concluiremos en la otra o en las otras“.

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Nuestra Ilustración para #RedViajar: especial de Cortázar y los viajes – por Fernanda García

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Fernanda García nos pidió una ilustración para su bellísimo especial de Cortázar y sus viajes.

Pasen, lean y disfruten!

“Cortázar y los viajes: especial #RedViajar”

El libro de mis sueños

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Un año después de terminar mi escuela secundaria -allá por 1996-, mi viejo no tuvo mejor idea que regalarme un libro de autoayuda. Y como rebelde sin causa a los 18 años, me reí, lo ignoré, le contesté “yo no necesito ninguna autoayuda” y dejé el libro guardado en un cajón.

El viejo sabio, de vez en cuando me preguntaba… “y? leíste el libro?”, y yo no sabía cómo decirle que no quería leerlo, y le contestaba siempre que no tenía tiempo, que ya lo iba a empezar a leer. Pero seguía con mi postura, -“con todo lo que tengo que estudiar, qué tedio leer un libro de autoayuda”. Y así pasaron los meses y los años…

Trabajaba de cadete (ayudante de oficina) en la jungla de cemento de la inmensa Buenos Aires. Tenía suerte de tener un trabajo en donde uno de cada tres lograba conseguirlo. Tenía 20 años, y apenas me había recibido de Técnico en Administración Agropecuaria. Me tomaba el 130 en Saavedra, me sentaba en el asiento de atrás a escuchar a Charly García y a Queen con mis “walkmans” a cassettes, y en la hora que tardaba llegar hasta el microcentro, me ponía a pensar en el futuro, pero todos los sueños me parecían imposibles en una Argentina donde hasta los sueños parecían privatizados.

Un día, antes de ir al baño, no encontraba ninguna revista y se me dio por agarrar el primer libro que tuviera a la mano. Abrí el cajón, y como un “random” de libros me llevé el libro de autoayuda.  No hay mejor ámbito de concentración que el baño de tu casa. Y con esa concentración pude lograr leer un par de páginas al azar. Y justo dí con ésta frase: “Escribe tus sueños como si no tuvieras limitaciones de tiempo ni de dinero”. Tiré la cadena. Me fuí, y lo dejé tirado por ahí. Pero esa frase me quedó picando en la cabeza como un pájaro carpintero.

Esa frase me llevó a pensar en cómo mataba mis sueños antes de nacer, por creerlos imposibles. Entonces, -unos días después- me propuse darle una oportunidad al libro de mi viejo…

Y cuando leí la primera página, ya no pude parar. Era un libro en donde sólo se hablaba del poder de los sueños. Te enseñaba a crearlos, a visualizarlos, a llevarlos al papel, a mirarlos todos los días antes de dormir y cómo se facilitaba concretarlos si pensabas siempre en positivo. Y el tipo me terminó de ganar cuando entre otras cosas hablaba de todos sus viajes por el mundo y todas las experiencias vividas a partir de su lista.

Cuando creamos una lista de sueños, ya estamos modificando algo en el mundo para atraerlos hacia nosotros. Y todas las energías apuntan hacia un mismo lugar. Algo así como tener a Ronaldo y a Messi en tu equipo pero que hasta que no le decís para quién juegan no saben para donde patear.

Unos días después, mi lista de sueños desbordaba. Casi todos se relacionaban con viajar. Y las oportunidades se disfrazan, se ocultan, se alejan, pero siempre están ahí. Simplemente hay que estar atentos.  Así, me di cuenta de que la oportunidad estaba más cerca de lo que pensaba si cambiaba mi actitud. Varios meses después, me tomaba mi primer avión hacia lo desconocido: escalas, conexiones perdidas, dormir en el aeropuerto, otro idioma, trabajar sin papeles con 40 grados para ahorrar y seguir viajando. Casi un año lejos de mi casa -a los 20 años-, me hizo descubrir que era feliz viviendo todas esas sensaciones que sólo produce viajar.

Pero en la lista también estaba vivir en Bariloche, donde viví desde mis 24 hasta mis 34 años. Tener un auto para viajar, cosa que pude lograr recién a mis 32, cuando con mucho esfuerzo logré comprar un auto viejo gasolero que se bancó 70.000 km -en menos de 2 años y un motor fundido- para recorrer una gran parte de la Argentina y Chile.  Viajar por Latinoamérica por tierra sin limitaciones de tiempo, cosa que logré hace menos de dos años cuando salí de Bariloche y llegué a México y Cuba, pasando por el Amazonas y modificando el plan en Colombia cuando conocí a Marce.  Y así mi lista de sueños relacionados con viajar se hacía cada vez más larga.

Así, de tan feliz que estaba y desde ese momento, uno de mis tantos sueños de viajes que “encerraba” todos mis viajes era el de muchos: “dar la vuelta al mundo”. 

Y así la lista se fue alargando y también figuraba Escribir un libro. Ver un concierto de Rod Stewart, ver un mundial de fútbol, encontrar a esa mujer de mis sueños, compartir muchos asados con mi familia, ir a la cancha con mi viejo y tantos otros… y ya pasaron más de 15 años de aquella lista. Muchos sueños se cumplieron, otros todavía no, otros dejaron de ser sueños. Otros requieren de más tiempo. Porque el tiempo es un viejo sabio, como mi viejo. Te demuestra que todo pasa por algo, que cada punto de la vida esta conectado con un punto de tu futuro y de tu pasado. Pero todo pasa por la actitud frente a ellos.

Es por eso que desde mis 20 años fui apostando a esa lista de sueños y siempre me hizo feliz. En el camino encontré a esa mujer de mis sueños, que me dibuja una sonrisa todos los días y que me hace sentir que nada puede salir mal. Y acá estoy, a mis 36 años. Agregando sueños a mi lista. Pensando en positivo. Viviendo en un pueblo increíblemente hermoso al sur de Nueva Zelanda, pensando en nuestro próximo viaje. Dándole forma a nuestro sueño. Persiguiendo ese próximo objetivo por el cual trabajamos día y noche: dibujar en Asia. Y el sueño grande,  llegar a Beijing y viajar a Moscú en el tren Transiberiano, para así empezar a dibujar esa vuelta al mundo que tanto soñamos. Y nunca pensé que el sueño de escribir un libro se modificaría a “dibujar un libro”. Sabemos que es un sueño grande. Pero como mi viejo me enseñó, “hay que soñar como si no tuviéramos limitaciones de tiempo ni de dinero”. Por eso, seguimos dibujando el camino. ¿qué hubiera pasado si no hubiera leído ese libro a mis 20 años? quién sabe…

¿probaste un malbec?

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Y dibujando, el camino nos trajo hasta acá. Al sur de Nueva Zelanda.

Hoy, trabajo en el único supermercado de un pueblo que fácilmente puede compararse con el pueblo de los Hobbits: Wanaka. Para llegar, camino todos los días cerca de 2 kilómetros por un bosque y un sendero  donde disfruto desde una cumbre, el pueblo, el lago y las montañas, que en ésta época del año se pintan de blanco. Voy escuchando música, cantando, meditando y pensando en esa gente que quiero, que está del otro lado del mundo.

Llego, marco la hora de entrada con mi huella a las 12 del mediodía. Y me voy al depósito a buscar cajas de vinos que se bajan en pallets distribuidos según la variedad: Sauvignon Blanc, Pinot Noir, Shiraz, Merlot, Internacionales, Red Blends, Riesling, Rosé y Sparklings. Y camino de una punta a la otra del super para reponer las góndolas.

Además de ser el trabajo que nos generó una visa estable, mi teoría del lado positivo siempre me lleva a un lugar que disfruto. Y si me preguntan qué puedo disfrutar de éste simple  trabajo respondo: los vinos se abren en momentos especiales. Y cada botella tiene un destino. Y me gusta imaginar que los vinos que recomiendo llenan de energía positiva esos momentos.

Me gusta pensar que las decisiones más simples que tomamos  -como lo es enfrentarnos a una góndola con cientos de vinos-, ya nos hace elegir un camino entre muchos. Y me gusta generar historias de los clientes al momento de elegir.

¿cómo hacemos para elegir uno?

¿cuánto dinero pienso gastar? ¿cuánto tiempo voy a emplear en elegirlo? ¿me juego a probar algo nuevo? ¿la etiqueta me seduce? ¿el mensaje de la etiqueta me transmite algo? ¿en dónde se produce? ¿Lo voy a tomar sólo ó con alguien? ¿esa persona me importa ó no? ¿esa persona disfrutaría de un buen vino ó da igual cualquiera? ¿qué voy a cocinar? ¿cuántas botellas llevo? ¿y si en vez de vino llevo cerveza?

Al final, como todo viaje, como toda decisión, elegir un vino es pura intuición, que a veces puede fallar, y que no siempre depende de dinero, porque los precios siempre son muy relativos.

A mí la intuición me dice que hay que seguir buscando ese vino que te haga feliz. 

Yo encontré uno en mi góndola de esta parte del mundo. Entre cientos de vinos, existe aquél que recomiendo sólo a la gente que viene con una sonrisa: un Trapiche Malbec 2012 con 9 meses de barrica de roble. Es el único Malbec, el único vino argentino de éste pueblo, al que el roble lo hace especial y muy distinto a los vinos de Nueva Zelanda, donde casi no se produce el malbec. Y descubrí que a la gente le gusta porque vuelve a comprarlo, como una señora que -después de recomendárselo- se hizo fanática de éste vino y siempre viene a buscar más. Y “sólo” sale unos 11 dólares, lo cual lo hace un vino barato para el promedio, ya que los precios acá rondan entre los 6 y 50 dólares. Y claro que es especial porque proviene de mi tierra. Y me conecta con aquellas personas que están en el primer eslabón de la cadena, allá en los viñedos de Mendoza.

Muchos me recuerdan que ese vino es de la tierra donde nació el Papa. Pero yo les recuerdo que también es de la tierra del tango, del fútbol, de la literatura, de la tierra fértil, de los gauchos, de los paisajes increíbles, pero sobre todo, de gente que vive con una pasión extraordinaria. Que la pasión por el fútbol es desmedida, sí, pero que es un reflejo de la pasión por todo. Por la política, por el trabajo, por esas ganas de cambiar un poco el mundo. Y esa pasión se refleja en un buen vino. Mezcla rara de tanos y gallegos nacidos al sur de América. Soñadores. Aunque a muchos les cueste ubicarnos en el mapa, siempre aparecemos por algún lado. Somos tan argentinos como éste malbec.

Imagino así a un psicólogo diciéndome que elegí ese vino porque extraño. Es muy probable. Pero para mí, es el mejor vino de la góndola. Hasta hace poco tenía la ventaja de ser el único vino con corcho. Pero los ingenieros del primer mundo decidieron terminar con la magia del ritual de descorchar una botella y reemplazarlo por la tapa a rosca. Sí, todos los vinos en Nueva Zelanda son con tapa a rosca. Eliminaron así el 50% de la magia de tomar un vino.

Por eso, al tener tiempo para pensar, imagino las historias detrás de la gente que viene al sector de “beer & wines”.  Imagino los momentos importantes, los casamientos, los regalos, los reencuentros, las primeras citas, las reuniones de negocios, las borracheras entre amigos. Y el vino que recomendé, como testigo.

Por eso, todos los días aprendo algo nuevo. Imagino algo nuevo. Y lo disfruto. Lo escribo, lo dibujo.

Entendiendo que ésta es otra etapa inolvidable de nuestro viaje. Como en otro momento fue trabajar en la isla norte en los campos de kiwis con indios y maoríes. Y me pongo a pensar que algún día lo recordaré con nostalgia, como alguna vez lo fue trabajar con mis amigos mexicanos con 45 grados de calor al sur de Estados Unidos.

Durante el día, me pongo a pensar que la vida es una inmensa góndola, que te hace elegir vinos todos los días, para generar historias nuevas. Por eso siempre, hay que estar con una sonrisa para que alguien se te acerque y te recomiende ese vino que te haga feliz.

Y así, mi día de trabajo llega a su fin, y observo que entre cientos de vinos, los Trapiche Malbec argentinos se agotaron una vez más.

Están siendo testigos de nuevas historias, como yo.

Ilustrando a la Kombi

En nuestro día libre decidimos desatrasarnos un poco de nuestros dibujos pendientes. Cecilia Romina Olmos (de su página Y no te da miedo?) nos incluyó en una convocatoria para ilustrar su Kombi viajera “Kordera” y nos encantó la idea. Tratando de no congelarnos con esta ola polar (donde se nos congelaron hasta los calzones), finalmente nos sentamos a dibujar… En su pedido debían convivir caballitos de mar, unicornios, barras de colores que se extienden uniéndolo todo, conejos y duendes… y ésto es lo que nos salió: “una combi sin miedo”…

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Sacamos a pasear a E.T.

 

El verano pegó el portazo y se fue con su mochila a recorrer el norte. No queríamos que se fuera, pero nos dijo que ya era suficiente por ahora, y dijo que nos veíamos a fin de año. Pero para que no lo extrañáramos tanto nos dejó una garrafa de 9 kg, una estufa y una factura de 200 dólares. El otoño llegó despacito, fue desnudando los árboles, y con él llegó el viento, la lluvia y el frío. Y al vivir en el paralelo 44º el frío se siente un poco más frío que en otros lados.

Nuestra casita es hermosa, pero no deja de ser un pequeño galpón modificado, al estilo de refugio de montaña, ya que vivimos en la parte superior de un depósito sin calefacción, el cual comenzó a convertirse en un pequeño frigorífico. Como Nueva Zelanda no subsidia el gas ni la electricidad, las facturas son dolorosas y obliga a los que tenemos recursos escasos en transformarnos en ecologistas del bolsillo, a pensar en que cada minuto de estufa eléctrica es un dólar menos. Ó una ruleta rusa para nuestra economía. Por eso decidimos comprar un calentador que se conecta a una garrafa (ó botella de gas), pensando en economizar y no morir congelados (esperemos no morir prendidos fuego). Muy contentos con la nueva adquisición, la fuimos encendiendo un par de horas sólo los días en que hacía frío, es decir, que en las dos semanas sólo tuvimos que encenderla 14 días. Sí, todos los días.

Para nuestro asombro, al día 15, el gas se terminó. Con temperaturas bajo cero, pasamos la noche tiritando bajo una cápsula formada por frazadas y bolsas de dormir, y la excursión hasta el baño era una odisea polar que debíamos evitar hasta el límite de lo insoportable.

La noche pasó y debíamos llevar a recargar la garrafa para no pasar otra noche parecida. Como no tenemos auto, nos propusimos ir caminando hasta la estación de servicio más cercana. “Sólo” nos separaban 2 kilómetros de nuestra casa. Entonces, determinados a lograrlo, cargamos la garrafa con el Frazada-System y salimos por las calles de Wanaka. Los vecinos del pueblo nos observaban como si lleváramos a E.T… Entre risas y chistes llegamos a la estación de servicio.  La ida fue fácil, pero la vuelta era 2 kilómetros a garrafa llena. Y el Frazada-Systemª se modificó a un estilo de Frazada-Mochi-Systemª, en el cual trasladamos todo el peso a nuestras espaldas a la par, poniéndole ritmo y coordinación a nuestro andar. Digna de una prueba de terapia de pareja muy difícil de superar. Pero pensar en el frío de la noche era el incentivo para enfrentar el desafío. Y ya con menos risas, menos chistes y más cansancio, pero con la misma onda, logramos nuestro objetivo. Volvió el calor a nuestra casa. Pero esta vez, en vez de medir el gas en dólares x minuto, lo medimos en pasos con garrafa x minuto.

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Viajando aprendí…

 

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Un día cualquiera, por alguna extraña razón, me trasladé a mis 80 años.  Pero me encontré frustrado por no tener historias para contar, arrepentido por no haber hecho de mi vida una sucesión de capítulos en donde mis viajes, sean el argumento de mi pasado, acompañado de todos los momentos mágicos vividos con las personas que quiero. Pero por la misma extraña razón, hoy volví a mis 36 años para escribir la historia que quiero contar.

Aprendí que no hay que dejar de soñar. Y vivir para cumplir los sueños. Quiero seguir recorriendo el mundo. Quiero seguir conociendo gente maravillosa. Quiero seguir aprendiendo. Quiero seguir dibujando y escribiendo, porque aprendí que también es una forma de viajar, de compartir mi viaje y mi vida con los que quiero. Y creo que es una forma de cambiar el mundo mientras viva.

Aprendí que cambiamos el mundo con un simple abrazo, ó regalando un dibujo. Y si logramos hacer feliz a una persona ya lo estamos transformando. Y yo lo quiero transformar dibujando.

¿Pero acaso no hay que trabajar para viajar?  Claro que sí, se debe ganar plata para viajar, pero antes que pensar en eso hay que pensar en el miedo. El miedo a quedarse sin plata paraliza. El miedo a los imprevistos paraliza. El miedo. El miedo a todo.  Pero aprendí que a lo que hay que tener miedo es a que pasen siempre las mismas cosas. A la rutina eterna.  A los días programados. Y así postergar en un sillón todos esos sueños. Y acumular excusas para no tomar la decisión por miedo a cualquier cosa.

¿Pero no es muy arriesgado quedarse sin plata en el viaje? Sí, es un riesgo. El riesgo de conocerte a vos mismo en casos extremos. En ingeniarse qué hacer, dónde dormir, cómo comer, a quién recurrir. Te puede sorprender todo lo que uno puede lograr en esos casos. Y aprendí que eso te lleva a conocer gente increíble, que de otra forma, no hubieras conocido.  Por una extraña razón, en todo el mundo existen esas ganas de ayudar a los que viajan. Y por otra extraña razón, siempre aparece una oportunidad para encontrar una solución. Y siempre me pregunto cómo sería una sociedad donde todos fuéramos viajeros. Donde no necesitáramos plata para ayudar ni recibir ayuda. De ayudar por el sólo hecho de sentirse bien ayudando.  Y en esos momentos es cuando uno aprende a ser solidario y a respetar esa hermosa cadena de favores. Y también se aprende -además-, que cuanto menos necesitamos, más felices somos. Y la mochila nos enseña que no necesitamos más de lo que entre en ella.

Aunque yo también vivo en este mundo. Y el sistema no cambia por más que uno viaje. Y aprendí que mientras se viaja hay que llevar una vida nómade ganando plata de muchas formas. mochilas

Pero el viaje esta lleno de peligros e imprevistos, ¿no es mucho el riesgo que uno corre? sí, el riesgo es que esos imprevistos te hagan cambiar el rumbo que tenías planificado para llegar al lugar que tenías que llegar. Y que te lleven a conocer gente increíble.  Aprendí que las cosas que pensamos que son negativas, pueden transformarse en positivas cuando te llevan por un camino diferente al que pensabas. Y cuando uno escribe la historia, esos momentos terminan uniendo los puntos del destino que te llevan a momentos inolvidables.

Y aprendí además, que en todo viaje, tenemos miedo de alejarnos de las personas que amamos. De la familia, de los amigos del alma. Pero creo en eso de que las personas que amamos se sentirán felices de nuestra felicidad, y eso también es corresponder a ese amor. Se extrañarán. Nos extrañarán. Pero se sentirán felices por nuestros descubrimientos, por el crecimiento de los que decidimos alejarnos a explorar, a aprender.

Y que a la vuelta, cuando llegue el día del reencuentro, se sienta el placer de transmitir todo lo vivido a las personas que amamos. Y de lo mágico que puede ser un abrazo después de tanto tiempo.

Aprendí que de alguna forma todos estamos conectados. ¿Acaso alguien piensa que la distancia puede separar todo el amor que nos une? Yo no. Por eso, en cualquier lugar del mundo hablo con mi mamá, que ya no está, pero que esta en todos lados. Y con mi papá, que esta  siempre conmigo pero lejos. Y ese amor es la estrella que me guía en todos mis viajes. Y aprendí que eso es estar unidos. Y mientras tanto, mientras tenga esta vida que tanto amo, voy a seguir viajando, dibujando el camino para cambiar el mundo, para hacer feliz a alguien, y si es a muchos, mejor. Y mi sueño, estará cumplido.

 

 

 

Y nuestro sueño va tomando forma…

Como diría la canción “buscamos visa para un sueño”…y esta vez la conseguimos por 3 meses. Y acá estamos, por fin instalados en un lugar sin la presión de las fechas, y sabiendo siempre que las cosas que pasan en el camino son para llegar a algún lado mejor.
Estamos viviendo en Wanaka, un pueblo bien al sur de Nueva Zelanda, entre montañas y lagos, en una casa en medio de un bosque. Decidimos quedarnos por un tiempo, darle un poco de respiro a nuestras mochilas y acomodar por un tiempo por fin la ropa en cajones. Toda la vuelta por Australia para conseguir la visa para volver fue una tijera gigante que nos recortó nuestro presupuesto de viaje imprevistamente, pero por suerte el destino nos trajo hasta acá, y gracias a la mano de nuestros amigos, hace ya más de un mes que estoy trabajando como repositor para el área de vinos de un supermercado y por eso comenzaremos a tramitar una visa de trabajo solicitada por la empresa, para no depender de nuevas visas y para que Marce también pueda trabajar. Nos salió caro, llevó tiempo y momentos de mucha incertidumbre, pero finalmente fue una inversión y una apuesta para lograr nuestro objetivo de seguir dibujando este camino, que por alguna razón va superando los obstáculos para lograr ese sueño-proyecto: para que nuestra vuelta al mundo ilustrada se transforme en ese libro que soñamos… y ya va tomando forma…

Dibujando entre canguros

Para recibir el año nuevo, esperando por la contestación de migraciones -para volver a Nueva Zelanda-, nos escapamos de Melbourne y nos fuimos a dibujar a un Parque Nacional donde estuvimos 10 días entre canguros y cacatúas… y hoy -ya en Nueva Zelanda-, le pusimos color…

Dos Islas muy diferentes

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Hoy es uno de esos días en los que me da nostalgia de volver a algún momento del viaje.  El reloj marca las 11 de la noche de algún día de marzo de 2014, mientras me pongo a pensar en Cuba. Donde los más conservadores dirán que la gente no puede vivir así, que el socialismo, que la pobreza, que la falta de recursos y el bloqueo, que Fidel y su terca forma de implementar su ideal.

Más allá de lo que piense cualquiera, sólo voy a hacer referencia a la felicidad de su gente. Calidad de vida que genera el pueblo, con pocos recursos, que entiende que la vida es otra cosa, que la vida es una fiesta, que la vida también es bailar salsa un martes a la noche entre amigos y hasta que la botella de ron se acabe. Caminar por la playa, sentir la brisa que viene del mar, juntarse con los vecinos a tocar los tambores, la guitarra y enfrentar a la adversidad con ritmo. Pocas veces fuimos tan felices como en Cuba, caminando por sus calles al calor de la madrugada.

Escribo esto desde otra isla, en la otra punta del mundo, donde todo es diametralmente opuesto. En Nueva Zelanda los recursos abundan, el capitalismo es religión, y la competencia es por quién tiene más cosas. Pero no hay música, la madrugada es para las lechuzas y el día se termina a las nueve, cuando cierra el supermercado. Y cuando las luces de las casas ya se apagan, volviendo a mi casa en bicicleta -al salir del trabajo a las 11-,  en la soledad de la noche, es que me pongo a extrañar aquella isla insoportablemente mágica.

Wanaka

El 15 de enero -luego de que migraciones nos aprobara la visa una vez más por el lapso de 30 días- volvimos a Nueva Zelanda. Esta vez, a la isla sur. Volamos desde Melbourne a Christchurch. Pero no fue tan fácil. Llegamos al aeropuerto de Melbourne con el tiempo justo, y al hacer el check in nos piden un pasaje de salida en 30 días, sino Marce no podía subir al avión que debía abordarse en 15 minutos. Esta fue la única vez que no habíamos sacado un pasaje de salida porque ya teníamos un ticket abierto, pero no se conformaban con eso, así que salí corriendo por el aeropuerto a buscar una señal de wifi para comprar un pasaje. Por suerte, todo salió bien y finalmente pudimos subir al avión.
Llegamos a Christchurch, una ciudad en reconstrucción, con andamios y grúas por todos lados, recuperándose de un terremoto que sufrió hace un par de años. Recorrimos la ciudad en busca de gente, pero parecía una ciudad fantasma. Sólo nos quedamos un día y salimos con dirección sur en bondy. Un viaje que duró 10 horas hasta Wanaka, un pueblito hermoso, felices de volver a reencontrarnos con Cintia y Marce, y que -gracias a ellos-, tuvimos la suerte de conocer gente divina, dispuesta a ayudarnos. Así conocimos a Mel, a Dave, y a Dani, que sin conocernos, nos abrieron la puerta de su casa, y a los pocos días ya estaba trabajando en el sector de vinos de un supermercado.
Ahora, estamos a la espera de otra aceptación de visa, la cual se vence el 15 de febrero. Y la telenovela suma otro capítulo más y parece de nunca acabar. Pero poniéndole mucha onda para que todo salga bien.
Wanaka es un pueblito parecido a San Martin de los Andes, al sur de la isla sur de Nueva Zelanda, en el cual pensamos estar un tiempo (si migraciones nos permite).
Y acá estamos, felices de compartir momentos con amigos como Cintia y Marce y con las montañas que nos hacen sentir un poco en casa. Así que acá van algunas de las fotos y dibujos de estas dos semanas. Un abrazo para todos!

la telenovela de mi visa

Esto va para todos los que me han preguntado o los que se han intrigado por el estatus de mi visa y de mi vida viajera.

Salí de Nueva Zelanda porque me habían dando la odiada “limited visa” de la que les había hablado antes, tenía que salir del país para pedir una nueva visa y nos fuimos para Australia a hacer todos los trámites.

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Mientras esperamos hicimos de todo; conocimos Sydney al derecho y al revés, Cristina nos llevó de paseo, hicimos picnics, viajamos en tren, llegamos a Melbourne, amamos Melbourne, visitamos a mi hermanito, (hicimos mil cosas mas que les contaré en otro comunicado) esperamos y esperamos hasta que finalmente tuvimos una respuesta. Me dieron una visa por un mes (otra vez). Compramos un tiquete a Nueva Zelanda, nos fuimos al aeropuerto y la chica del check-in nos dice que tengo que tener un tiquete de vuelta, que especialmente para los colombianos exigen tiquete de salida del país. Salimos corriendo a comprarlo antes de que nos dejara el vuelo, lo compramos, pasamos migración, corrimos al avión, nos sentamos y tuvimos un plácido vuelo hasta Nueva Zelanda. Llegamos, nos bajamos, pasamos migraciones, me pidieron la visa, el tiquete que habíamos acabado de comprar y me dejaron entrar sin mas trabas ni complicaciones, así que aquí estamos en Wanaka, en una casa increíble con La rubia y Marce que son increíbles disfrutando de un Lago hermoso y de unas montañas nevadas preparándonos para volver a mandar los papeles para extender la maldita visa de un mes que me dieron. fin

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Dibujando en Bondi

No, todavía no subimos a dibujar en los colectivos (pero en cualquier momento). Bondi es una playa muy concurrida ya que esta muy cercana al centro de Sidney. Y como había tanta gente en el agua, preferimos sentarnos a dibujar.

Vamos dibujando Sydney

Con mapa en mano salimos a caminar las calles de Sydney, con esa sensación de estar viviendo un sueño, haciendo récord de kilómetros a pie. Pero las ganas de dibujar nos hicieron frenar, bajar un cambio, sacar los cuadernos y tirarnos en el pasto… Y sin darnos cuenta, se hizo de noche… y al día siguiente, seguimos dibujando… cruzamos el puente, y seguimos buscando distintos puntos de vista de la ciudad. Y éstos dibujos nos fue regalando la ciudad.