Dibujando la calle Ardmore de Wanaka

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Francesca´s – Wood Fired Pizza – Wanaka

Ésta es la pizzería del pueblo. Es un trailer con un horno, dentro de un terreno con canchitas de golf y en el fondo una zapatería…

Francescas

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Nos hicieron una entrevista para el diario Otago Daily Times, el diario de la región!. De tanto ir a dibujar a los bares y cafés, un chico se acercó y nos dijo que le encantaba lo que estábamos haciendo y nos dijo que la novia trabajaba en el diario y que le iba a comentar de nosotros. Al otro día nos llamó y nos pidió si podíamos hacer una entrevista… y una semana después… salimos en media página del diario. 🙂

Acá la nota completa.

http://www.odt.co.nz/news/queenstown-lakes/371373/artist-pair-illustrate-what-s-not-so-obvious

Amo a Bill Murray

bill murray

Lo ví por primera vez en Cazafantasmas, (como casi todo el mundo) pero me enamoré después de ver “Lost in translation”, empecé a ver cuidadosamente cada una de las películas en las que actuaba: me volví loca con Steve Zissou, con Hunter S. Thompson, y en  Zombieland cuando hace de sí mismo casi muero. El fantástico Mr.Fox es excepcional y en St. Vincent tomé la decisión de rendirle un tributo. No hice todas las películas porque no todas me gustan ni las recuerdo, estas son las mas significativas para mí.

Querido Bill Murray sos mi verdadero amor platónico.

¿Por qué Vamos Dibujando el Camino?

 

Evolución
Evolución

Allá por principios de septiembre de 2012, sentado frente a la computadora en mi trabajo -como vendedor de productos financieros en un banco-, soñaba con la posibilidad de largar todo y hacer el viaje que siempre soñé.

El 1º de enero de 2013 partí desde Bariloche (Patagonia Argentina) con rumbo norte sin demasiados planes. Antes de salir,  se me dió por crear la página “Vamos dibujando el camino”, y en ella escribí ésto: “Esta mochila va cargada de sueños, y de todos esos momentos de mi vida que me hicieron reir y llorar. Entendiendo que todo es “perfectamente como tiene que ser”, y que las cosas buenas y malas –como todo viaje- dibujan un camino hacia un lugar, al que en algún momento se llega… Pero que la vida es eso que pasa durante el viaje. Armar esta mochila es una de esas respuestas del tiempo. Hoy, la misma se prepara para vivir, para emocionarse, para explorar, para descubrir, para caminar, pero sobre todo para conocer nuevas personas y esas experiencias de vida. Esa gente que el destino dice que por algo tenés que conocer. Esta mochila esta preparada para vivir. Para dar el primer paso hacia la vuelta al mundo”….

Los días fueron pasando y de tanto andar aparecí en el Amazonas. En la mochila grande llevaba mis sueños. En la mochila chica toda la plata, la cámara con todas las fotos del viaje y el pasaporte. Ésta es la que me robaron al subirme a un barco de carga en Iquitos, Perú. Por esa razón tuve que hacer 600 km por el río Amazonas y llegar a una triple frontera sin pasaporte ni permiso de salida. De alguna forma logré pasar y llegar al aeropuerto donde tenía un pasaje hasta Bogotá, Colombia. Un pasaporte de emergencia en la embajada Argentina tardaría 10 días en llegar. Tiempo suficiente para que el destino me presentara a una colombiana tan divina como loca, con una botella de fernet y bailando cuarteto.

Unos días después, estábamos recorriendo juntos la Ruta del Café (Armenia, Salento, Valle del Cocora y Manizales), donde me dí cuenta que a ella le encantaba dibujar las cosas que pasaban en el viaje.  Y me hizo dar cuenta, además,  que dibujar lo que ves en el camino te hacía observar con detalle cada lugar y cada momento, para disfrutarlo un poco más. Y de tanto verla dibujar, me dieron ganas de dibujar a mi también. Y a ella le dieron ganas de viajar. Una combinación perfecta.

Y así, entre dibujo y dibujo, nos enamoramos  y decidimos empezar a dibujar el camino juntos, para darle el sentido a la página que -como una premonición- había nacido antes de comenzar el viaje…

 

La Comunidad Viajera

Desde hoy, Vamos Dibujando el Camino forma parte de La Comunidad Viajera.

LA COMUNIDAD png 2

Para que tengan una idea, se trata de una Comunidad de más de 70 viajeros desparramados por el mundo, donde cada uno de ellos comparte a través de sus blogs, relatos, crónicas, guías, consejos, reflexiones, videos y fotos del lugar que están visitando o que ya visitaron.

Entre ellos hay muchos que admiramos y tomamos como referentes. Y otros que de a poco iremos descubriendo.

Pero más que nada se trata de locos lindos que buscan motivar a sus lectores a salir de viaje, sea en bici, a dedo, en avión ó soñando un poco.

Por eso, los invitamos a espiar a todos éstos locos a quienes les apasiona viajar. Nosotros, los acompañaremos dibujando el camino.

https://www.facebook.com/groups/LaComunidadViajera 

comunidad viajera

Entrevista: Lapicera en Mano

 

lapicera en mano logo

 

Por IVAN LUKMAN 

 

ivan

VAMOS DIBUJANDO EL CAMINO 

ver link:

 https://www.facebook.com/LapiceraEnMano

El sábado 20 de diciembre me encontraba en busca de charlas de viajeros por YOUTUBE cuando apareció un simpático video

https://www.youtube.com/watch?v=9lq-uAJBhBg

Me lleno de tanta curiosidad saber bien lo que hacían, que detuve por un rato lo que venia haciendo, diagramé algunas preguntas, las deje reposar y al día siguiente después de releerlas, las mande.

A las pocas horas tuve la primera respuesta a mi mensaje ideal, encontrándome con dos personas sumamente agradables, cálidas y con buenas energías. Despues al leer las respuestas encontré muchos puntos de conexión con mi vida y otros detalles que no revelare para que no se pierda el disfrute de leer.

Y ahí va la primera entrevista de este ciclo, que lo disfruten:

A primera vista uno piensa que este proyecto nació en dos cabezas, pero no, nació en una y aunque muy claramente lo contas en el blog, me gustaría volverlo a escuchar?

En realidad, el proyecto nació en las dos cabezas. El nombre del blog fue la “coincidencia” que nos llevó a pensar en el proyecto. Ese nombre sólo nació como una forma de contar el viaje que estaba por emprender, sin saber que las coincidencias y el destino me llevarían a cruzarme -y enamorarme- de una (hermosa) ilustradora. Eso es parte de la magia. Por eso si están proyectando un blog, tengan cuidado con el nombre que deciden ponerle. Imagínense si se me hubiera ocurrido el nombre “construyendo el camino”… ¿hubiera conocido una arquitecta? en fin… ¿quién sabe?. La cuestión es que salí de mi casa un 1º de enero desde los caminos de la Patagonia Argentina, y un 15 de febrero, conocí -en Colombia- a esta persona maravillosa que hasta el día de hoy me dibuja una sonrisa. Y con sus ganas de dibujar, y mis ganas de viajar, nació éste loco proyecto de dibujar por el mundo.

Ahora si en la historia hubo un quiebre, paso a ser una historia de dos y siempre empieza con un cruce en el camino, como fue ese momento?

Sin esperarlo, sin planificarlo, no nos dimos cuenta y estábamos juntos. Y unas horas después de conocernos, ya estábamos disfrutando de los caminos y los aromas de la Ruta del Café. Sin entender cómo, sabíamos que había mucha conexión, pero en ese entonces no entendíamos cuánta. Y cada amanecer de los pueblos cafeteros, cada tarde de lluvia tropical y sol, de bandejas paisas y patacones, cada noche de salsa y ron, atentaron contra mi plan de seguir hasta México por tierra solo. Porque me daba cuenta de lo mucho que disfrutaba de viajar compartiendo y dibujando el camino de esa forma. Entonces el plan se modificó, y decidimos -después de un rápido viaje a México- encontrarnos en Cuba. Y como el viaje soñado, recorrer todos los rincones de esa isla insoportablemente mágica.

Y ese cruce de caminos, no fue sólo un momento, terminó siendo una suma de muchos momentos inolvidables.

Marce a los 25 años empezaste a dibujar y nunca paraste, como fue encontrar esa pasión que te llevara a dibujar cada día?

Estudié diseño y no sabía dibujar. No es un chiste, nos sabía dibujar nada de nada. En el último semestre, muy preocupada por mi futura vida laboral, empecé unas clases de dibujo. Todos los viernes en la tarde subía al último piso de la biblioteca y con lápiz en mano empezaba mi clase. Luis, mi gran maestro, no me enseñó a dibujar sino a mirar, me enseñó a ver las líneas y las manchas en las cosas, me mostró que en mis garabatos estaban todas las líneas necesarias para componer mis dibujos y así, dejando a un lado mi frustración, empezó a llegar mi nueva adicción. Dibujaba día y noche con el fin de mejorar la calidad de mis mamarrachos, me frustraba no poder hacer lo que tenía en la cabeza: dibujar, como aprender cualquier cosa nueva, se trata de ser constante, de hacerlo aunque me frustre y aunque me de pereza. Un día en un video de Yoga “mi profesora” dijo que los días en los que uno siente mas pereza de hacer yoga son los días en los que mas se debe hacer, eso es lo que fortalece la mente y eso fue lo que apliqué con el dibujo (porque haciendo yoga fracasé jaaa): me propuse hacer un dibujo diario, un dibujo de lo que fuera pero no dejar pasar ni un día sin hacerlo. Después de un tiempo eso se convirtió en un hábito, en una necesidad y en una profesión.

Leandro decís que sos un fotógrafo que vive disparando alguna imagen, si tuvieras cada foto que has sacado tirada en el piso, cual erigirías y por que?

Si tuviera cada foto que he sacado en el piso, podríamos superar la altura del Everest por varios metros. Y sería difícil encontrar esa que me gusta. Es muy difícil elegir una sola. Hay muchas fotos que me gustan por la foto en sí, y otras las elegiría por el recuerdo que me traen. A mí me gustan más esas que te llevan a algún momento.

Por ejemplo, ésta foto me lleva a Salento, a la Ruta del Café de Colombia. Y a todo esos momentos que vivimos.

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Esta foto me lleva a dibujar juntos en la Plaza de la Revolución de La Habana, sin nadie alrededor.

Plaza de la Revolución
Plaza de la Revolución


Dibujando en Sydney,

Dibujando en el teatro
Dibujando en el teatro


Ésta me lleva al Amazonas, y a toda esa experiencia inolvidable de viajar 600 km por ese río interminable.

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Ésta me lleva a la tarde que se hizo noche por la ceniza del volcán Puyehue, que cubrió de cenizas parte de la Patagonia.

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Y por último elegiría ésta foto, que fue tomada en un lugar sagrado para mí, donde nacieron todos los planes de mis viajes: los glaciares del Cerro Tronador, cerca de Bariloche.

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Y otra cosa que me quedo dando vueltas en la cabeza es que dices ser un escritor frustrado, porque te consideras así, ya que he visto que el viaje pasa por tu pluma?

Lea: Me considero un escritor frustrado porque me encanta escribir, pero me gustaría escribir mucho mejor de lo que escribo. Tuve la bendición de tener profesoras de literatura increíbles que me dieron las herramientas necesarias para volcar lo que quiero transmitir al papel (claro que las decepciono todo el tiempo jeje). Pero lejos estoy de ser un escritor, por eso lo de frustrado. Con esto simplemente quiero decir que me gustaría -algún día- tener algo extraordinario para contar y tener los recursos para expresarlo. Pero ese día, para considerarme un escritor debería ser metódico y perseverante, algo que no figura en mi diccionario. Con el proyecto de nuestra página, surgió la posibilidad de tener un espacio para expresar algo con una mezcla de dibujos y palabras que -con el tiempo-, podría llegar a ser extraordinario. Para eso, debo utilizar esas herramientas para expresarlo, y de a poco, comenzar a ser metódico y perseverante. Y quizás ese día pueda considerarme un mal-escritor conforme, y no un escritor frustrado.

Adentrándonos un poco en el proyecto de los países que han transitado cual fue el que mas los inspiro?

Marce: Al segundo día de conocernos empezamos a dibujar juntos. Estábamos en Colombia recorriendo la ruta del Café, nos sentamos en una cantina y frente a una greca (cafetera industrial) empezamos a dibujar, los dos, con una cerveza en la mano, con un lápiz en la otra y en absoluto silencio nos conectamos a través del dibujo. Después estábamos en Cuba en la misma situación: nos sentamos en la plaza de la revolución frente al edificio con la cara del Ché y dibujamos, igual, en silencio. Así nos pasó en Sydney y en Wanaka. No existe un lugar de inspiración, existe mas bien una necesidad de contemplación de un lugar o de una situación la que nos lleva a dibujarla, a no querer salir de ese momento, a querer saborearlo hasta a puesta de sol. Los Países son solo lugares, pero las experiencias que nos llevamos son únicas y personales, todos podemos sacar las mismas fotos o hacer los mismos dibujos, pero cada uno te va a contar la emoción del lugar de mil formas diferentes.

y como es el proceso de inspiración?

Marce: Todos los días nos pasan cosas que vamos almacenando en nuestro banco de experiencias. Viajamos, trabajamos, nos lavamos los dientes o regamos las plantas. La inspiración es producto del trabajo y del cuestionamiento, llega con la necesidad de materializar una experiencia. A veces no tenemos ni idea de como darle forma pero las neuronas creativas van trabajando hasta que un día en medio de una ducha caliente te dictan exactamente como hacerlo. No estamos “inspirados” todos los días pero todos los días nos ejercitamos para que cuando la idea llegue la podamos poner sobre el papel.

Lea: La verdad es que uno es exigente y quiere lograr ese estado con sólo tomar un lápiz. Pero no, a veces la inspiración se va de viaje, como nosotros. ¿Cómo llegamos a inspirarnos? ni idea. A veces salen cosas extraordinarias. A veces nos pasamos horas mirando la hoja en blanco y… así queda. “Hoy tengo ganas de dibujar”…tomamos un block de hojas, un lápiz, y nos ponemos a pensar. A veces estamos en un tren, en un colectivo ó en la calle y se nos ocurren mil ideas, por eso Marce lleva a todos lados su “cerebro”, el cual consiste en una pequeña libreta donde anota todas sus ideas.

Dibujamos con palabras un poquito de ustedes y el proyecto, ahora por donde caminan sus pies y dibujan sus manos?

Ahora, y desde hace un año estamos en Wanaka, un pequeño pueblo al sur de Nueva Zelanda, arrendamos una pequeña casa, salimos a trabajar a las 7 de la mañana, tenemos horario, uniforme y un sueldo semanal. Vivimos cerca del lago y hemos visto las montañas llenarse de nieve y descongelarse de vuelta, reconocemos los patos con sus patitos, cocinamos todos los días y dibujamos en las tardes. Tenemos la vida mas tranquila que hayamos tenido jamás. Estamos trabajando y ahorrando para salir de viaje mientras sembramos flores en el jardín y hacemos asados con los vecinos filipinos.

 

 

El regalo navideño del francés

Metí mi cerebro en el bolsillo y salimos para una cena en la casa de unos amigos indios. Lo llevé porque sabía que tenía que recordar ese momento.

Salimos en plena noche de invierno, caminamos poco mas de cuarenta minutos y cuando llegamos nos recibieron con cerveza, música y comida de la india. Bailamos, comimos, nos emborrachamos y cuando quise sacar mi cerebro para recordar con detalle las recetas, las canciones y los pasos de bailes, lo había perdido.

Meses después recibí un email de un extraño francés que decía haber encontrado mi cerebro en las calles de Wanaka, lo había guardado durante meses y lo conservaba intacto: estaba repleto de conexiones sin sentido, canciones, dibujos mal hechos y palabras aleatorias. Ese francés que se encontró mi cerebro me salvó de mi mala memoria.

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Soñando con India

 

 

Uno de los tantos sueños que encabezan nuestra larga lista es viajar a India, y sentarnos tranquilos a dibujar el Taj Mahal, apreciando todos sus detalles directamente.

El plan está, el tiempo nos va acercando, y es uno de los tantos dibujos que nos va llevando a ese sueño.

Mientras tanto, me pongo a dibujarlo como adelanto de ese día.

 

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Pd: éste dibujo lo hice siguiendo un tutorial muy bueno de perspectivas en youtube  https://www.youtube.com/watch?v=WwrMGFrmWxo

 

Desde ese momento empecé a ser invisible

Y así me entregaron el uniforme, me miraron de arriba a abajo, y me entregaron un montón de prendas negras que tengo que lucir todos los días.

Desde ese momento empecé a ser invisible.

Cuando tengo puesto el uniforme dejo de existir en la vida real y me convierto en un mueble del supermercado, me camuflo con la leche, los quesos y el yoghurt, me paro en las góndolas y escucho conversaciones ajenas, respondo preguntas, quejas y sugerencias de los clientes, limpio las cosas que se quiebran y de vez en cuando hago sugerencias acertadas de productos deliciosos.ninja

El árbol mágico de Wanaka

 

 El viernes pasado debíamos presentar 3 obras para la segunda exposición de arte del pueblo. Marce -que es la que sabe- se puso a dibujar muy juiciosamente y presentó una acuarela increíble. Yo, en cambio, muy vago, me puse a dibujar un par de días antes, y como recién estoy empezando con ésto de la acuarela -sumado a que estamos laburando todo el día- y nos queda poco tiempo, no llegué a presentarla. Pero al menos quedó registrado ante las cámaras que lo intenté!

Éste árbol es la postal del pueblo, y como me tenía hipnotizado, no podía dejar de dibujarlo, a mi manera…

 

 

 

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niños congelados

Tres semanas después de mi fracaso buscando trabajo como Barista llevé mi hoja de vida al único supermercado de este pueblo. Sumado a que no les entiendo en vivo y en directo me llamaron por teléfono, me preguntaron si me interesaba el trabajo y me dieron instrucciones precisas que después de darle vueltas y vueltas logré entender. Ahora soy un miembro mas de la familia del supermercado.

niños congelados

Mil distintos tonos de verde

 

Por fin en ésta parte del sur ya empiezan los días lindos, después de sobrevivir al invierno. El frío parece despedirse de a poco. Por eso se puede disfrutar un poco más de éstos paisajes increíbles que nos regala Nueva Zelanda.

Salí por la mañana con la idea de subir a una de las montañas más cercanas a Wanaka -el Roy´s Peak-. Pero al llegar, en el ingreso al sendero había un cartel que advertía “The track is closed for lambing”, es decir, que el camino estaba cerrado por ser temporada de parición de corderos y evitar molestar a las ovejas. Por eso decidí seguir por la ruta hasta llegar a una bahía llamada Glendhu Bay. Me mandé por un sendero y encontré una playita perfecta para sacar mis sandwichitos, la botella de agua y desconectarme de todo.

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Y cuando me desconecto de todo, me dan ganas de dibujar.También funciona en el sentido inverso: cuando dibujo, me desconecto de todo. Es una de mis formas de meditar.

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Pasaron unas horas y decidí seguir viaje por un sendero angosto que bordeaba el lago. En partes, las subidas eran empinadas, con acantilados vertiginosos, y con vistas increíbles. Un poco riesgoso para una bicicleta con pocos frenos, como la mía. El sendero -de aproximadamente 12 kilómetros- cruzaba campos con “mil distintos tonos de verde” -como dirían los Chalchaleros, pero de tierras demasiado lejanas-.

Miles de ovejas manchaban los campos verdes de puntos blancos. Y la luz de un día seminublado, le daba movimiento a una escala de grises. Las rocas negras al costado del lago, te invitaban a jugar en un planeta lejano. Y pájaros de todos colores que no se veían en el invierno volaban sobre mi cabeza y me daban ganas de saber de dónde provendrían y cuándo habrían comenzado su migración.

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Una oveja me mira -protegiendo a su cordero-, preguntándose qué hace un tipo tan raro como yo perturbando su paz, por eso trato de alejarme para que no se asuste. Sólo se escucha el viento entre los árboles y el rechinar de mi bicicleta cansada. Una imagen de tranquilidad absoluta.

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Me pongo a pensar en que la primavera no sería tan emocionante si no hubiéramos vivido antes un invierno tan frío, como el que pasamos. Y que la vida es lo mismo, los inviernos se hacen largos, pero la primavera siempre llega.

Como siempre me digo, éstos son momentos en los que alguna vez voy a querer volver algún día. Por eso cierro los ojos, me imagino dentro de muchos años recordando éste momento.  Abro los ojos, y vuelvo a vivirlo. 

Con gaviotas, patos y gorriones mendigando migas de pan de mi sandwich, el sol se esconde detrás de las montañas todavía manchadas de nieve.

Otro día se termina con la sensación de haber vivido…

 

 

 

La vuelta al mundo, las deudas y un alma inmortal

Hace dos años, emprendía éste viaje, que comenzó el día en que envié mi telegrama de renuncia. Corrían días de tomar decisiones.  No tenía plata. Sólo acumulaba sueños y deudas. Y si en ése momento me preguntaban cómo lo haría, no sabía. Todo parecía una locura. Sólo sentía que era el momento justo. Pasaba mi tiempo libre mirando mapas y proyectando viajes.

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Con la premisa de “soñar como si no tuvieras límite de tiempo ni de dinero”, cuando los límites que tenía eran -justamente-, el tiempo y el dinero. Pero con la fuerte convicción de que al hacer eso, algo en el universo se transformaba para que se hiciera realidad.

-“(…) me dije que el alma sabe, de un modo secreto, que es inmortal, y por eso podemos emprender cualquier empresa, ya que si no la concluimos en esta vida, la concluiremos en la otra o en las otras (…) si no soy borrado por la muerte, intentaré otra aventura, que puede ser tan interesante como la de esta vida”. dijo alguna vez un tal Borges.

Cuando Borges habla de “empresa”, habla de sueños. Y en ese caso, yo me considero todo un empresario.

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A mis 34 años, tomaba la decisión de emprender mi empresa: dar la vuelta al mundo. Y mi decisión se basaba en hacer lo imposible, para hacer algo de todo lo que soñaba. Esa es la forma en que me siento consecuente con todo lo que quiero ser.

Es por eso que un día salí a recorrer los caminos de Latinoamérica, sin saber que en el camino me iba a cruzar con Marce. Así, aquella decisión pasaba a ser mucho más importante de lo que alguna vez soñé:  de tanto verla dibujar, me dieron ganas de dibujar a mí también. Y a ella le dieron ganas de viajar. Una combinación perfecta. Así nacía nuestro proyecto de dibujar la vuelta al mundo juntos, y los pocos planes que tenía se desviaron para transformarse en algo increíble.

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Desde ese entonces, aquellas empresas -de las que hablaba Borges- me invitaban a creer que nada era imposible. Que hay que encarar los sueños como si fueran aventuras que en el caso de no concluirlas en esta vida, se concluirían en alguna vida siguiente, pero que hay que hacer lo imposible en el presente. Y concluidas, pasar a la siguiente aventura. De ésta forma, se deja a un lado a la muerte, como un actor de reparto de nuestra película.

Así, hace un año atrás, llegaba a pisar Nueva Zelanda, con la idea de -además de disfrutarlo- usarlo como un puente a Asia y comenzar a dibujar esa vuelta al mundo.

Un mes después que yo, llegaba Marce, con el plan de acompañarme, mientras yo trabajaba con mi visa “Working Holiday”, bajo el sol de los campos de kiwis de la isla norte.

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Pero como todo plan, siempre puede fallar, ó al menos desviarse…

IMG_0020Solicitamos una visa de turista por 3 meses renovables.  Pero alguien en la embajada de Nueva Zelanda de Washington (la que corresponde para Colombianos), determinó que ella era un peligro para la sociedad y aprobó la visa sólo por un mes sin la posibilidad de renovarla dentro del país (limited visa). Con lo cual, la nueva aventura pasó a ser resolver un problema de papeles migratorios que nos llevarían a la embajada de Nueva Zelanda en Australia. A gastar todos nuestros ahorros y endeudarnos en uno de los países más caros del mundo. Con la incertidumbre de lograr -ó no- una aprobación para volver. Después de 40 días, la visa se aprobó (también por un mes) y pudimos ingresar nuevamente a Nueva Zelanda. Sin muchos planes, con poco y nada de dinero y las tarjetas al rojo vivo.

Pero como “mi alma sabe que es inmortal y por eso podemos emprender cualquier empresa”, por dentro tenía la sensación de que algo bueno nos esperaba. Unos amigos de Bariloche nos contactaron con un amigo que conocía nuestra historia por nuestro blog y que hace años trabajaba como gerente en un supermercado de la isla sur.

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Y a los pocos días, comencé a trabajar en el sector de beer & wines (cervezas y vinos)…

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Pero pasado el mes, la visa de Marce vencía otra vez y debíamos solicitar una nueva. Y así, entre trámites, demostraciones de convivencia, incertidumbre, gastos en dólares con pocos ingresos y mucho estrés, la renovamos dos veces más. Hasta que luego de cuatro meses, logramos que el supermercado me extendiera un permiso de trabajo (Work Permit), y así conseguir una visa de acompañante (Partnership) para Marce. Luego de tanto incertidumbre, lográbamos conseguir una visa estable por el término de un año.

Es el momento de establecerse por un tiempo para pagar deudas del viaje, liberarnos de tarjetas, préstamos bancarios y ahorrar lo suficiente para seguir viaje a Asia.

Es por eso que hoy estamos viviendo en un pueblo increíble (Wanaka), donde se respira paz, las casas no tienen llave y el paisaje es digno de un escenario creado por Tolkien. El destino no pudo haber elegido un lugar mejor para darnos una pausa a nuestro viaje. Y usar esa pausa para comenzar a diagramar el libro que queremos dibujar para inspirar a aquellos que quieran espiar nuestros pasos.

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El destino está escrito, y a la vez es una bola de flipper. Me apasiona pensar que el tiempo  de un semáforo puede cambiar tu vida, y la vida de miles de personas. Podemos planificar todo, pero no podemos manejar los imprevistos. Son desvíos que nos regalan un montón de vida. Por algo la mayoría de las anécdotas son siempre momentos que uno no puede prever.

Y a cada paso me gusta reír. Busco compartir cada momento. Tomarme el tiempo para meditar, para apreciar los paisajes nuevos. Caminar en la oscuridad y ver las estrellas en el cielo. Preguntarme si debe de haber alguien en alguna de ellas, del otro lado. Me emociono con las cosas simples. Extraño a los que están lejos, a los que no están. Los imagino. Los abrazo. Aunque no lo sepan.  Y eso me hace sentir más cerca que si estuviese cerca. Y en los momentos de rutina viajo dentro de mí mismo. Pienso en todos los momentos que nos llevaron hasta ahí.

Y por alguna razón el viaje nos trajo hasta acá con cada adversidad.

Pero siempre recordamos que las herramientas más valiosas que una persona puede tener: la sonrisa y el respeto. Conscientes de que el viaje esta lleno de desafíos. Y que esas pruebas son las que nos hacen viajeros.

(…) y me dije que el alma sabe, de un modo secreto, que es inmortal, y por eso podemos emprender cualquier empresa, ya que si no la concluimos en esta vida, la concluiremos en la otra o en las otras“.

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Hola! soy barista de Colombia (coffeeland)

Después de seis meses entre visas y formularios logré entrar al sistema, me llegó la visa de trabajo: tengo horarios que cumplir, un uniforme y media hora para almorzar.

Empecé a buscar trabajo en cafés porque antes de salir de Colombia hice un curso de barista y me encantó, estuve en un montón de entrevistas y fui un desastre. Llegaba con mi cara de “soy barista de Colombia” convencía a todo el mundo de que era “café con aroma de mujer” y que era la mejor barista del planeta, me ponían frente a la máquina y yo con toda mi actitud preparaba un espresso: molía el café, lo ponía en la canasta, lo prensaba con fuerza suficiente para que salieran definidos los hilos de café, ni en gotas ni en cataratas. Los que me entrevistaban se veían confiados hasta que yo agarraba la jarrita de la leche y prendía el lanza vapor: La leche me quedaba liquida, sin espumar, con burbujas, muy caliente, y yo súper asustada, nada que hacer, no había ningún argumento que pudiera usar para convencerlos de que yo era una buena opción. Salía con la labor mal cumplida y me iba a otro café a entregar mi hoja de vida.

 

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Nuestra Ilustración para #RedViajar: especial de Cortázar y los viajes – por Fernanda García

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Fernanda García nos pidió una ilustración para su bellísimo especial de Cortázar y sus viajes.

Pasen, lean y disfruten!

“Cortázar y los viajes: especial #RedViajar”

Me tiré con la certeza de que me iba a caer

No me puedo mover, tengo un moretón gigante en la nalga y cientos en las piernas, me duelen los brazos y apenas puedo caminar: ayer fuimos a esquiar.

Mi primer contacto con la nieve fué con el señor del raspado cuando salía de clases de natación, después en el Nevado del Ruíz, con mal de altura, olor a azufre, frío y ganas de volver a tierra caliente, el año pasado pasé unas semanas de invierno en Bariloche y por primera vez ví la nieve caer del cielo, la toqué, me la comí y la disfruté, pero la relación que establecimos ayer es verdadera, intima, cercana… De ahora en adelante, la nieve y yo somos una sola.

No me gusta el frío, ni el invierno, ni las capas de ropa que me tengo que poner para sobrellevar los “bajo cero”, no me gusta tener los pies fríos ni que se me congele la crema de dientes ni quedarme en la cama porque no soporto la temperatura mañanera, soy tropical, mi cuerpo esta diseñado para que el frío máximo sean diez grados y el calor treinta, pero de hoy en adelante no me importa nada, voy a perseguir las montañas, los inviernos,  y las pistas negras, voy a disfrutar del frío invernal siempre que pueda subir a una montaña y deslizarme.

Salimos de la casa a las ocho de la mañana con rumbo a la montaña, bajamos al centro hicimos dedo y nos levantó un australiano, Clint, conversamos, nos habló de su vida en Australia y de su temporada de invierno en Wanaka: Snowboard, esquí tra la la, tru lu lu…. todo completamente lejano de mi lenguaje y experiencias. Nos bajamos del carro y le dije: “nunca te voy a olvidar, sos parte de mi primera vez en la nieve” sin imaginarme que mi posición en la vida de “odio el frío” iba a cambiar drásticamente por “quiero mi pase para el próximo invierno”.

Todo era nuevo. Las botas, las aerosillas, las antiparras, bla bla bla, palabras que nuca había usado y que no entendía como se ponían ni como funcionaban. Salimos a la nieve y fuímos a la pista de principiantes, dos metros de pista con una mini pendiente que para mí era un mundo. No sospechaba lo que iba a pasar, en mi cabeza, esquiar era muy parecido a tener unos patines: estar en una superficie con pendiente y rodar. No.

Subirse a unos esquíes es intentar  pararse en una pista jabonosa, es tensionar las rodillas y dejar que la montaña haga lo que le de la gana con vos.

Lean me dice: “Listo, vamos a la montaña, ya le perdiste el miedo”. Obviamente yo estaba en pánico, nos agarramos del poma (ni idea, otra nueva palabra) que nos subió hasta la cima de la montaña, no sé como me tiré, no sé que estaba pensando, no se de donde salió el impulso que me lanzó de frente a la pendiente. Me caí. Nunca me levanté, se me congeló la nalga, se me rasparon las manos con la nieve, me caí cien veces, Lean me levantaba, una y otra vez, avanzaba un metro y al suelo. Tenía que aprender a sentir la nieve y la pendiente.

Lean (esquí sensei) me enseñaba, me daba consejos y tips, yo… en el suelo.

Me paré, tuve que aprender a pensar y a sentir de una nueva manera, tuve que tirarme con la certeza de que me iba a caer.

Subimos, estaba decidida a ir de un lado al otro de la montaña haciendo lo que todos hacían con tanta facilidad, sentía la frustración de la inexperiencia, miré la montaña y sin pensarlo me tiré sin la presión de hacerlo bien, sin la presión de la técnica, sin pensar que en algún momento tenía que parar, con la ligereza de la ignorancia y permitiéndome ser torpe, lo hice. Lo hice y me caí, obvio, pero lo hice. Salí rodando, me dolió todo, pero ya no había vuelta atrás. Después del dolor en el cuerpo llegó la maldición de la montaña, dejé de ser dueña de mi misma, dejé de pensar en hacerlo bien, dejé de preocuparme por los golpes, me entregué a la velocidad y a las caídas, ahora a la montaña le pertenece mi felicidad.

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estamos en el espectador!!!

Hoy pasé por el blog de El Espectador y me encontré!!! Ana Queiroz escribió sobre el silencio y usó mi cómic pasen y vean su interpretación y mi dibujo!!!

http://blogs.elespectador.com/pareidolia-del-sur/2014/09/07/a-proposito-del-silencio/

http://marcelillapilla.com/2014/03/25/%E2%99%A5-2/