Putucusi: la escalera de todos los miedos.

 

 

Parado frente a una escalera vertical en la montaña, intentando adivinar dónde termina en su ascenso, con escalones de madera viejos y resbaladizos, y un cartel que anuncia que el camino se encuentra clausurado, puede ayudar a que te hagas muchas preguntas. Las opciones son retroceder ó enfrentarla. El instinto de supervivencia-lógico te presiona a la retirada, pero si te vas, te perdés una de las mejores vistas de tu vida. Y no tenés otra opción que este momento. Me puse a imaginar si subiendo esta escalera podría enfrentar todos mis miedos juntos. Tomando esta escalera como símbolo de todos mis temores, -súbitamente-, me dieron ganas de enfrentarla.  Y escalón tras escalón, sin mirar para abajo y con esfuerzo, llegué hasta la cima. Si esa escalera me hubiera obligado a retroceder, me hubiera perdido ésta majestuosa vista de Machu Picchu… y me pregunto cuántas veces en la vida tenemos éstas “escaleras” disfrazadas de cosas que nos llenan de miedos y por no enfrentarlos, nos perdemos de cosas maravillosas…

putucusi

 

Dibujando Machu Picchu

Cómo describir la sensación de cumplir un sueño? El reloj anunciaba las 4:20 de la mañana, pero ya estaba despierto. La ansiedad de empezar el día me hizo levantar de la cama con muchas ganas de salir a caminar. Todavía era de noche, y comencé el camino por las calles de Aguas Calientes bajo una lluvia torrencial. Caminar en la oscuridad, viendo a lo lejos algún foco de luz que devolvía la imagen de la cantidad de agua que caía, sólo me hacía más feliz. Porque pensaba que era una lluvia distinta, era la lluvia que me conectaba con mi pasado, con esos momentos de la vida en los que soñé vivir este día. Me reía, cantaba y abría los brazos agradeciendo al cielo. Las lágrimas se confundían con la lluvia y terminaban siendo lo mismo. Y de tanto pensar, y subir escalones entre un camino de selva, la claridad del día empezó a mostrar las nubes bajas que cubrían todo el paisaje. La lluvia dejó de ser lluvia y pasó a ser niebla. El cansancio no podía vencerme, y la cabeza daba órdenes de no parar. Entre senderos de piedra interminables, -finalmente-, subí la vista hacia un horizonte imaginario que creaban las nubes, y como si alguien pasara un borrador despejando el cielo, surgió el imponente Wayna Picchu. Sentado frente a esa imagen, me sentí abrazado a todas las personas que quiero. Fue un momento de paz, de entender que la vida es mucho más que vivir en ese sistema que nos hace relegar nuestros sueños. Y que tomar la decisión de vivir, de atrapar tus sueños, puede traducirse en momentos como este.

Subir hasta la cima del Wayna Picchu fue una tarea exigente, pero con un premio mayor: una vista aérea de Machu Picchu, sintiendo el sonido del río, viendo el blanco de las nubes cambiar de tonos por todos los picos de la montaña, y sentir la energía de un lugar sagrado, donde el sol seguirá gobernando por siempre. Viajar en el pasado e imaginar a ese imperio caminando por esos pasillos angostos, trabajando la tierra, labrando la piedra, adorando al sol, estudiando el cielo, y conectándose con las cuatro regiones del Tahuantinsuyo es una forma de conectarse con el lugar. Un imperio que respetaba a la tierra, tanto como al sol. Que creía en el cóndor, el puma y la serpiente como los símbolos del cielo, la tierra y el inframundo. Me hace pensar en qué hubiera pasado si la historia hubiera sido diferente. Si la codicia del hombre no hubiera entorpecido este sistema. En preguntarme cómo sería el mundo si este imperio hubiese avanzado. Si en vez de computadoras, autos y televisión, el mundo hubiera avanzado en espíritu, entendiendo y respetando la tierra y el cielo. Quizás son muchas preguntas para este día. Mejor me dejo llevar, disfrutando de cada bocanada de aire. No paro de mirar cada detalle, como una forma de querer guardar este momento por siempre. Cierro los ojos. Me imagino recordando esta imagen en el futuro. Los abro. Y vuelvo a verla. Me sorprendo. Sí, lo estoy viviendo. Y me río. Y no puedo parar de reírme…