Trinidad

Luego de dormir en Holguín, nos esperaba un viaje de 500 km hasta Trinidad, pasando por Las Tunas, Guáimaro, Siboney, Camagüey, Florida, Ciego de Ávila y Santi Spiritus. Llegamos justo para ver el atardecer en el mar. Trinidad fue una de las ciudades más lindas y pintorescas de Cuba, con sus casitas de colores, caminar por sus calles empedradas, con las mesas en la calle y un grupo de salsa cubana que te hace bailar aunque no sepas bailar nada. Dormimos en la casa de una señora llamada Gloria, que nos despertó con un desayuno increíble.

Akumal

¿Qué es disfrutar un momento? Hoy, visité la playa de Akumal, un paraíso protegido de tortugas de mar. Y me sumergí en un lugar increíble, donde los corales son el refugio para miles de especies de peces, de todos colores, y así sentir que uno esta volando con ellos. Y luego de un rato, me encontré con la paz de una tortuga, y nos pusimos a nadar juntos… y mi imaginación se puso a generar un diálogo de locos con ella, y a pensar otra vez en que algún día voy a querer volver a este momento. Y entonces me pregunté ¿Qué es disfrutar un momento? Será generar un momento, al cual querrás volver a vivirlo alguna vez? Cuando decimos “disfrutá mucho”, ¿qué queremos decir? Me gusta pensar en que el día de nuestra muerte, tenemos la posibilidad de volver a estos momentos en que fuimos felices. Por eso hay que tratar de buscar muchos. Pero claro que hay mucho de verdad en eso de que “la felicidad sólo es real cuando es compartida”… porque nadando con esa tortuga, pensaba en las ganas que tenía de compartirlo con alguien. Entonces, ¿verdaderamente lo disfruté? Ó habrán porcentajes de felicidad, entendiendo que disfrutar es el grado de felicidad que se alcanza por algo, como si la misma se pudiera medir? Qué conexión puede haber para sentir que uno esta acompañado por uno mismo? Y disfrutar como si el alma pudiera dividirse en dos. Como cuando nos hacemos preguntas y nos contestamos a nosotros mismos, como si fueramos personas distintas… En fin, llegué a la conclusión de que todo es relativo. Y que no se debe analizar la felicidad, simplemente hay que valorar que uno esta vivo y que el presente es el mejor de los regalos. Y de que hoy viví el presente de una manera increíble, generando esos momentos a los cuales algún día voy a querer volver.

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Barú

Sentados en un banco de una plaza, hablando con viejitos que le daban maiz a las palomas, esperando en Cartagena por cruzar a Panamá (o no), tomamos la decisión de viajar a la Isla Barú. Una lancha rápida, luego de regatear muchos precios y lograr un almuerzo gratis -pero soportar que nos tengan de rehenes en un acuario al cual no entramos-, llegamos a la Isla. Compramos cinco litros de agua, de los cuales sobraron cuatro, pero nos quedamos cortos con las galletitas y el fiambre. Pero gastamos toda nuestra fortuna en cervezas, fieles testigos de nuestras charlas de mar, en donde el tiempo no parece pasar. Las risas y los vendedores ambulantes se mezclan en la tarde, y hacer la plancha en el mar turquesa es una ley que inventamos para no morir hasta la noche. El sol traicionero te quema sin avisarte, pero la sombra del parador nos ayuda a enfrentarlo. La tarde es un buen momento para escribir, y dibujar, y pensar en que el tiempo no pasa, ó sólo es un momento en la vida. Y quizás pensar no es lo aconsejado, porque terminan escribiéndose cosas como éstas:
“Quizás el tiempo parece volver, en ésta mágica tierra colombiana. Pensar que alguna vez pisé esta isla y pensé en volver, y mis pies hoy la pisan otra vez. La nostalgia no juega su juego, porque acá estoy, pensando en dar la vuelta al mundo, sin saber cómo. El abrazo de la amistad que se me cruza en el camino, el color del mar, la arena blanca, y recordar tus ojos en el horizonte, son juegos que se oponen a la realidad. Los pies dibujan el camino, el mar lo borra ó lo sella para siempre. Las risas de estos momentos serán por siempre dibujadas en este cuento. Tus dibujos, y tus palabras, volverán una y mil veces para acompañar las huellas solitarias que deje en el camino de esta arena”.
Y así, el día siguiente llegó, y la vuelta fue una nueva aventura, volviendo en una moto, los tres y una mochila. Sí, los tres y una mochila en una moto. Luego de regatear tanto un precio, volvimos de esa forma con la esperanza de ver Real Madrid vs Barcelona. Cruzamos en una canoa un río, y volvimos en un colectivo local, en una hora hasta la ciudad. Para llegar a ver un partido que ya se había jugado hace 2 horas. No tuvimos más alternativa que ir por unas cervezas, y olvidarnos de todo. Otra vez en la ciudad, a seguir esperando por el velero que nos cruce a Panamá…

Bogotá

Qué decir de Bogotá? Con su caos normal de cualquier ciudad grande. Con sus bocinas que parecen multiplicarse. Subirse al transmilenio, que cruza toda la ciudad (y no te pases de la parada como yo!). Caminar por La Candelaria con Marce y con Dani haciendo de guía, evitar las entradas a las Iglesias, cruzar esa plaza con tanta historia, tomar un café Juan Valdéz en una esquina, caminar por el barrio La Macarena y su pintoresca Plaza de Toros. Caminar por la peatonal, viendo trabajar a los grafiteros ó a algún saxofonista –que genera inspiración en la imaginación de Daniel para generar historias- jaja. Pero para mí, Bogotá fue vivir en La Vachela. Subir sus escaleras y entrar a la casa de Guadi, Marce, Pulé, Ana y Cristian es cargarse todo el tiempo de buena onda. Llegar a la terraza y acostarse en una hamaca, ver los edificios a lo lejos, tomar una cerveza, o simplemente escuchar a estos personajes criticar a sus vecinos de enfrente, es garantizar las risas. Organizar una fiesta en Bogotá, donde te reciban con Fernet y Coca, y la encargada de la música sea fanática de Rodrigo, es sólo pura felicidad. Reencontrarme con Guadi, y volver a recordar esos momentos de la secundaria que el tiempo no va a poder borrar. Y agradecerle una y mil veces por recibirme siempre con tanta onda, como a la loca linda de Marce, con sus pilas paisas, y que siempre se encargó de dibujarme una sonrisa (y de devolverme las ganas de dibujar). Simplemente a todos, les digo GRACIAS! 🙂

 

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Puno

En la tierra de los uros, bajo una lluvia torrencial, con Pablo y Bruno visitamos las Islas, pero el clima no nos permitió ver a la comunidad con su vida habitual (y menos sacar buenas fotos). De todas formas fue increíble ver las construcciones sobre islas de juncos. El pueblo Uro, que hoy vive prácticamente del turismo y de la venta de sus artesanías asombra con su forma de vida. Poseen sólo lo necesario para vivir, porque si tienen demasiado se hunden. Y así como en la vida, nos enseñan que cuanto menos necesitamos, más felices somos… La ciudad de Puno, con su inmensa catedral con su típica Plaza de Armas, su arquitectura colonial, sus claustrofóbicas calles, y con sus veredas casi inexistentes, terminan siendo una postal Latinoamericana. Las moto taxis, su peatonal, sus vendedoras ambulantes, su mercado central… y caminar bajo la lluvia, reflejarse en su historia, y seguir emocionándose con cada detalle. A cada paso, respirar el aire del pueblo, y a seguir dibujando el camino.

 

Isla del Sol

Una hora de navegación desde Copacabana hasta la parte sur de la isla, y con un poco de lluvia que hizo bajar a la gente que estaba en la parte exterior, fue el comienzo de dos días increíbles en la Isla del Sol. Al llegar al puerto, nos recibió la comunidad Aymara de la Isla. Junto con Pablo, un amigazo de Ramos Mejía que también estaba viajando solo, subimos una escalera infinita (con las mochilas al lomo) que separa el ingreso del pueblo. Al instalarnos en el hostel de la parte sur, nos recibió Justina, una señora muy amable, que con su sonrisa y sus desayunos te hace sentir como en tu casa. Como bien indica su nombre, el sol desplegó toda su luz en la isla, a pesar de las nubes que rodeaban a todo el Lago Titicaca. Nos caminamos los 10 km que separan la parte sur de la norte y volvimos ya casi con el sol durmiéndose en el lago. Recorrimos ruinas Incas, como el “laberinto”, en donde se creía que si te perdías en él, era un augurio de cómo iba a ser tu año… (yo le pifié a un par de puertas… será un augurio? Jeje) En la parte norte de la isla hay una playa donde se permite acampar, y pudimos ver una oleada de argentinos hipones con rastas tocando la guitarra… una playa colmada de buena onda. Demasiada onda para nuestro gusto! Jaja Pero lo más lindo de la isla, fue ver a toda la comunidad trabajar en la tierra, la perfección de las plantaciones en terrazas, los chicos arreando las ovejas, viviendo de la tierra, sin necesidad de mucho más. Y estas cosas me siguen emocionando, como cada día nuevo en este viaje

Copacabana

Hoy comencé el día con una lluvia torrencial en La Paz, y tomé el colectivo a las 8:00 am a Copacabana. Al rato de salir el cielo se fue abriendo, y pude ver las afueras de La Paz, una inmensidad de construcciones sobre toda la montaña. Luego de un par de horas de curvas y contracurvas, el paisaje cada vez se fue poniendo más increíble… Acercándonos al Lago Titicaca, las plantaciones y las familias trabajando la tierra hacían del paisaje una postal inolvidable. Cruzamos el lago y a la media hora llegamos a Copacabana, un pueblo a 3800 metros de altura muy lindo que hace de puerta a la Isla del Sol. Costó pero llegué a la cima del Cerro del Calvario donde se puede ver el horizonte del lago Titicaca y unas hermosas vistas de Copacabana. Mañana, a salir temprano a la Isla del Sol! 🙂

Potosí

Despertándome en Potosí, en el corazón de Latinoamérica, ó un reflejo de su desgracia, ya que -a mi modo de ver-, esta ciudad es un símbolo que representa la injusticia de la humanidad.
Ayer visité la mina del Cerro Rico de Potosí, donde desde los tiempos de la conquista hasta hoy, se continúa con la extracción de minerales, casi con las mismas condiciones desde su inicio. Un lugar que evoca al mismísimo infierno, donde cerca de 1000 hombres y hasta chicos menores de edad continúan trabajando en lo profundo de la tierra. Aún cuando lo que se extrae ya no es plata sino otros minerales de menor valor, en pocas cantidades de pureza, y con muy poca ganancia para tanto trabajo. Da indignación hasta las lágrimas ver tanta injusticia. Tuve la suerte de conocer a Helen, una guía de la ciudad de quien se notaba el amor por su profesión y por su tierra, explicando desde el corazón cada detalle. Y así ingresamos a las minas, por sus túneles oscuros, y cada vez más estrechos, donde la falta de oxígeno y los 4600 metros se hacen notar. Al mascar coca me di cuenta de su importancia al vivir a esta altura. Los carros con rocas pueden llegar a pesar una tonelada y eran impulsados solo por la fuerza de los mineros por las vías del túnel. Dicen que con la plata extraída del Cerro Rico de Potosí, equivaldría a toda la deuda externa existente de Latinoamérica, y se cree que se podría construir un puente de plata desde Sudamérica hasta Madrid. Da bronca pensar que bancos de Inglaterra, Holanda y otros se fundaron con la plata saqueada de este cerro. Que la Iglesia fue partícipe fundamental del saqueo, introduciendo al dios del miedo, para volver sumisos a los hombres que necesitaban para generar esa riqueza. La arquitectura es hermosa, llena de Iglesias y edificios construidos por los españoles, que en su momento de auge de explotación era una de las tantas formas de derrochar sus ganancias. Pero que al finalizarse el recurso de la plata, sólo quedó su pueblo originario sumido en la pobreza. Y lo que más bronca da, es que 500 años después, nada ha cambiado. Potosí es un reflejo de la injusticia de un sistema que hoy vemos continuado en las políticas mineras que siguen regalando y saqueando nuestra tierra y benefician a empresas multinacionales. Es por todo esto que de Potosí me llevo mucho más de lo que esperaba.

Salar de Uyuni

Llegar a Uyuni un 10 de enero con tantas advertencias de que no valía la pena por la imposibilidad de visitar el salar debido a las lluvias, y lograr ingresar con tormentas a los alrededores y una capa fina de agua que reflejaban el cielo, fue un mensaje increíble para iniciar este viaje. El resultado: la felicidad de ver un paisaje inolvidable, y la sensación de estar suspendido en el cielo.

Cruzando a Bolivia

El miércoles 9/1 llegué a La Quiaca desde Salta a las 8:00 am. Pude cruzar la frontera luego de unas 3 horas y con algunos argentos nos caminamos todo Villazón buscando cambiar pesos bolivianos, los cuales estaban mas caros que el peso argentino (0,955), después me fui caminando unas 10 cuadras hasta la estación de tren, en la cual estuve alrededor de 6 horas leyendo y durmiendo siestas… Pero la aventura comenzó con el tren. Un tren muy lindo, y muy cómodo, pero al que le fallaron los motores por las inundaciones en la via a las 11 de la noche -mucho antes de hacer la mitad del tramo (antes de llegar a Atocha)- y pasamos toda la noche varados bajo una tormenta y a plena oscuridad en el medio de la nada misma… la gente protestando, pero para mí era increíble estar en Bolivia escuchando la lluvia en un tren… especial para pensar y pensar… y leer… en conclusión, estuvo buenisimo porque llegamos a la mañana a Uyuni (de otra forma hubieramos llegado a la 1 de la mañana)… y salimos al salar… que evoca el mismo cielo… alucinante!!!!

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No podía dejar de sacarle la foto a un hospedaje con este nombre…

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El paso fronterizo de Villazón-La Quiaca.

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