El regalo navideño del francés

Metí mi cerebro en el bolsillo y salimos para una cena en la casa de unos amigos indios. Lo llevé porque sabía que tenía que recordar ese momento.

Salimos en plena noche de invierno, caminamos poco mas de cuarenta minutos y cuando llegamos nos recibieron con cerveza, música y comida de la india. Bailamos, comimos, nos emborrachamos y cuando quise sacar mi cerebro para recordar con detalle las recetas, las canciones y los pasos de bailes, lo había perdido.

Meses después recibí un email de un extraño francés que decía haber encontrado mi cerebro en las calles de Wanaka, lo había guardado durante meses y lo conservaba intacto: estaba repleto de conexiones sin sentido, canciones, dibujos mal hechos y palabras aleatorias. Ese francés que se encontró mi cerebro me salvó de mi mala memoria.

marcelillapilla

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