Isla del Sol

Una hora de navegación desde Copacabana hasta la parte sur de la isla, y con un poco de lluvia que hizo bajar a la gente que estaba en la parte exterior, fue el comienzo de dos días increíbles en la Isla del Sol. Al llegar al puerto, nos recibió la comunidad Aymara de la Isla. Junto con Pablo, un amigazo de Ramos Mejía que también estaba viajando solo, subimos una escalera infinita (con las mochilas al lomo) que separa el ingreso del pueblo. Al instalarnos en el hostel de la parte sur, nos recibió Justina, una señora muy amable, que con su sonrisa y sus desayunos te hace sentir como en tu casa. Como bien indica su nombre, el sol desplegó toda su luz en la isla, a pesar de las nubes que rodeaban a todo el Lago Titicaca. Nos caminamos los 10 km que separan la parte sur de la norte y volvimos ya casi con el sol durmiéndose en el lago. Recorrimos ruinas Incas, como el “laberinto”, en donde se creía que si te perdías en él, era un augurio de cómo iba a ser tu año… (yo le pifié a un par de puertas… será un augurio? Jeje) En la parte norte de la isla hay una playa donde se permite acampar, y pudimos ver una oleada de argentinos hipones con rastas tocando la guitarra… una playa colmada de buena onda. Demasiada onda para nuestro gusto! Jaja Pero lo más lindo de la isla, fue ver a toda la comunidad trabajar en la tierra, la perfección de las plantaciones en terrazas, los chicos arreando las ovejas, viviendo de la tierra, sin necesidad de mucho más. Y estas cosas me siguen emocionando, como cada día nuevo en este viaje

Copacabana

Hoy comencé el día con una lluvia torrencial en La Paz, y tomé el colectivo a las 8:00 am a Copacabana. Al rato de salir el cielo se fue abriendo, y pude ver las afueras de La Paz, una inmensidad de construcciones sobre toda la montaña. Luego de un par de horas de curvas y contracurvas, el paisaje cada vez se fue poniendo más increíble… Acercándonos al Lago Titicaca, las plantaciones y las familias trabajando la tierra hacían del paisaje una postal inolvidable. Cruzamos el lago y a la media hora llegamos a Copacabana, un pueblo a 3800 metros de altura muy lindo que hace de puerta a la Isla del Sol. Costó pero llegué a la cima del Cerro del Calvario donde se puede ver el horizonte del lago Titicaca y unas hermosas vistas de Copacabana. Mañana, a salir temprano a la Isla del Sol! 🙂

Potosí

Despertándome en Potosí, en el corazón de Latinoamérica, ó un reflejo de su desgracia, ya que -a mi modo de ver-, esta ciudad es un símbolo que representa la injusticia de la humanidad.
Ayer visité la mina del Cerro Rico de Potosí, donde desde los tiempos de la conquista hasta hoy, se continúa con la extracción de minerales, casi con las mismas condiciones desde su inicio. Un lugar que evoca al mismísimo infierno, donde cerca de 1000 hombres y hasta chicos menores de edad continúan trabajando en lo profundo de la tierra. Aún cuando lo que se extrae ya no es plata sino otros minerales de menor valor, en pocas cantidades de pureza, y con muy poca ganancia para tanto trabajo. Da indignación hasta las lágrimas ver tanta injusticia. Tuve la suerte de conocer a Helen, una guía de la ciudad de quien se notaba el amor por su profesión y por su tierra, explicando desde el corazón cada detalle. Y así ingresamos a las minas, por sus túneles oscuros, y cada vez más estrechos, donde la falta de oxígeno y los 4600 metros se hacen notar. Al mascar coca me di cuenta de su importancia al vivir a esta altura. Los carros con rocas pueden llegar a pesar una tonelada y eran impulsados solo por la fuerza de los mineros por las vías del túnel. Dicen que con la plata extraída del Cerro Rico de Potosí, equivaldría a toda la deuda externa existente de Latinoamérica, y se cree que se podría construir un puente de plata desde Sudamérica hasta Madrid. Da bronca pensar que bancos de Inglaterra, Holanda y otros se fundaron con la plata saqueada de este cerro. Que la Iglesia fue partícipe fundamental del saqueo, introduciendo al dios del miedo, para volver sumisos a los hombres que necesitaban para generar esa riqueza. La arquitectura es hermosa, llena de Iglesias y edificios construidos por los españoles, que en su momento de auge de explotación era una de las tantas formas de derrochar sus ganancias. Pero que al finalizarse el recurso de la plata, sólo quedó su pueblo originario sumido en la pobreza. Y lo que más bronca da, es que 500 años después, nada ha cambiado. Potosí es un reflejo de la injusticia de un sistema que hoy vemos continuado en las políticas mineras que siguen regalando y saqueando nuestra tierra y benefician a empresas multinacionales. Es por todo esto que de Potosí me llevo mucho más de lo que esperaba.

Salar de Uyuni

Llegar a Uyuni un 10 de enero con tantas advertencias de que no valía la pena por la imposibilidad de visitar el salar debido a las lluvias, y lograr ingresar con tormentas a los alrededores y una capa fina de agua que reflejaban el cielo, fue un mensaje increíble para iniciar este viaje. El resultado: la felicidad de ver un paisaje inolvidable, y la sensación de estar suspendido en el cielo.

Cruzando a Bolivia

El miércoles 9/1 llegué a La Quiaca desde Salta a las 8:00 am. Pude cruzar la frontera luego de unas 3 horas y con algunos argentos nos caminamos todo Villazón buscando cambiar pesos bolivianos, los cuales estaban mas caros que el peso argentino (0,955), después me fui caminando unas 10 cuadras hasta la estación de tren, en la cual estuve alrededor de 6 horas leyendo y durmiendo siestas… Pero la aventura comenzó con el tren. Un tren muy lindo, y muy cómodo, pero al que le fallaron los motores por las inundaciones en la via a las 11 de la noche -mucho antes de hacer la mitad del tramo (antes de llegar a Atocha)- y pasamos toda la noche varados bajo una tormenta y a plena oscuridad en el medio de la nada misma… la gente protestando, pero para mí era increíble estar en Bolivia escuchando la lluvia en un tren… especial para pensar y pensar… y leer… en conclusión, estuvo buenisimo porque llegamos a la mañana a Uyuni (de otra forma hubieramos llegado a la 1 de la mañana)… y salimos al salar… que evoca el mismo cielo… alucinante!!!!

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No podía dejar de sacarle la foto a un hospedaje con este nombre…

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El paso fronterizo de Villazón-La Quiaca.

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