Bariloche – Puerto Madryn – Buenos Aires (x 2)

Resumen de los idas y vueltas: El 10 de agosto llegó Marce a Buenos Aires, y después de un asado de domingo en familia viajamos a Bariloche. Una semana después cruzamos la Patagonia en tren en 13 horas, y de ahí 5 horas en bus hasta Puerto Madryn + 2 horas a Puerto Piramides. Frío. El frío más frío que vivimos… Ballenas:pocas. De ahí a Trelew y vuelta a Buenos Aires. Al otro día nos fuimos al Tigre a andar en lancha. Volvió el Calor!… cumple de Tete, fuimos a la cancha a ver San Lorenzo vs River (a hinchar por River en el medio de la hinchada de San Lorenzo). A San Telmo, a tomar un vino a Aldo´s, a la Viruta a bailar tango, al Malba a ver la exposición de Yayoi Kusama, hicimos las letras de mi sobri Lorenzo. Nos volvimos a Bariloche en camioneta, dormimos 2 horas en una estación de servicio de Neuquén hasta que nos echaron. Llegamos a Picún Leufú y logramos dormir con nuestras bolsas de dormir (ahí si que pasamos frío!). Una semana de mudanza y de familia, pintando el mural, jugando al Carrera de Mente y despidiéndome de mi lugar y mi gente (y cargando cajas en la camioneta). Pegamos la vuelta con tormenta de nieve. Dormimos en Neuquén, y la vuelta a Buenos Aires con lluvia y más lluvia… y llegamos a éstos últimos días haciendo trámites y más trámites para el viaje que se viene… 🙂

Cruzando la Patagonia

Llegamos a Pirámides luego de un viaje hermoso de 12 horas en tren desde Bariloche hasta San Antonio Oeste, y de ahí 4 horas de bondy hasta Madryn. Llegamos a la tarde a Pirámides y nos recibieron las ballenas en la costa con un atardecer increíble… ayer hubo una tempestad que no nos dejó salir del pueblo. Y hoy… se largó a nevar con mucho viento… y el frío es mucho más frío que el de Bariloche… aaaaaaaaaaaaaaaaahhhhh… y las ballenas las vemos por internet…. jajaja! 🙂

Medellín

Y finalmente el amor me devolvió a las tierras colombianas de Antioquia. Luego de volver un mes a Bariloche, y pasar un mes en Bogotá, llegamos a Medellín, una ciudad increíblemente hermosa, con un clima delicioso. Me llevaron a conocer pueblitos increíblemente hermosos como Retiro, un pueblo cafetero colonial bellísimo, donde tomamos los mejores cafés y disfrutamos de unos días “super deli”.

Refugio Otto Meiling, Tronador – Bariloche

En mi lugar en el mundo, di cierre a un viaje inolvidable, de ésos que te marcan para siempre. No podía sentir que había llegado a mi casa, sin antes sentarme en el lugar donde nació éste sueño. Donde busqué consejos para cada decisión, y encontré las respuestas en el horizonte. Entendiendo que las decisiones que tomamos son las que nos definen, y la forma de dar significado a los sueños. Y una vez que se entiende eso, no queda más que seguir generando y persiguiendo sueños, durante toda la vida.

Cuba

Nuestra decisión de alquilar un auto y dormir un poco en casa de familias y un poco en el auto creemos que fue lo mejor para poder recorrer muchos de los rincones más lindos de Cuba. Este es un resumen de lo que vivimos en las diferentes ciudades:

La Habana

Viñales

Cayo San Guillermo

Guardalavaca

Holguín

Santiago de Cuba

Guantánamo

Baracoa

Moa

Trinidad

Cienfuegos

Santa Clara

Varadero

Sumergido en otro mundo

El día de hoy me llevó a tomar otro bondy (mal llamado Van) hasta Tulum, donde tuve que caminar unos kilómetros hasta la playa. Y caminé toda la mañana por el borde de un mar turquesa, de esos que están metidos en la cabeza cuando uno se pone a soñar. Al mediodía llegué a Dos Ojos, un cenote natural increíble. CENOTE: una especie de lago con cavernas subterráneas, donde te podés sumergir a otro mundo. La oscuridad y la luz entran en una armonía perfecta. Y te regalan un espectáculo inolvidable. Un buen lugar para sentir cómo el aire te llena los pulmones, y sentir la presión en los oídos al sumergirte hasta donde puedas aguantar la respiración, pero saber que ese dolor te recompensa con imágenes inolvidables. Claro que también hay que apreciar a sus propietarios: los murciélagos, vigilándonos a los invasores. Las estalactitas que amenazan tu cabeza, y los pasadizos (secretos) que te transportan a otra caverna de cuento. Los peces se abren para darte paso, como dándote la bienvenida a su mundo.

Akumal

¿Qué es disfrutar un momento? Hoy, visité la playa de Akumal, un paraíso protegido de tortugas de mar. Y me sumergí en un lugar increíble, donde los corales son el refugio para miles de especies de peces, de todos colores, y así sentir que uno esta volando con ellos. Y luego de un rato, me encontré con la paz de una tortuga, y nos pusimos a nadar juntos… y mi imaginación se puso a generar un diálogo de locos con ella, y a pensar otra vez en que algún día voy a querer volver a este momento. Y entonces me pregunté ¿Qué es disfrutar un momento? Será generar un momento, al cual querrás volver a vivirlo alguna vez? Cuando decimos “disfrutá mucho”, ¿qué queremos decir? Me gusta pensar en que el día de nuestra muerte, tenemos la posibilidad de volver a estos momentos en que fuimos felices. Por eso hay que tratar de buscar muchos. Pero claro que hay mucho de verdad en eso de que “la felicidad sólo es real cuando es compartida”… porque nadando con esa tortuga, pensaba en las ganas que tenía de compartirlo con alguien. Entonces, ¿verdaderamente lo disfruté? Ó habrán porcentajes de felicidad, entendiendo que disfrutar es el grado de felicidad que se alcanza por algo, como si la misma se pudiera medir? Qué conexión puede haber para sentir que uno esta acompañado por uno mismo? Y disfrutar como si el alma pudiera dividirse en dos. Como cuando nos hacemos preguntas y nos contestamos a nosotros mismos, como si fueramos personas distintas… En fin, llegué a la conclusión de que todo es relativo. Y que no se debe analizar la felicidad, simplemente hay que valorar que uno esta vivo y que el presente es el mejor de los regalos. Y de que hoy viví el presente de una manera increíble, generando esos momentos a los cuales algún día voy a querer volver.

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Chichien Itzá

Creían en 166 dioses distintos. Un calendario solar, otro lunar. Una serpiente emplumada que anuncia la aparición de dios, dos veces al año. Ofrendas en sangre. Extracción de corazones en el templo del guerrero. Sacrificios de mujeres sagradas, las cuales debían nacer entre el 20 y el 25 de julio. La pelota como juego mortal, donde los vencedores regalaban su cabeza a los dioses, para lo cual se preparaban toda la vida. Donde la familia real monopolizaba el conocimiento de los calendarios. Los guerreros serpiente, y los guerreros águila. Un metro y medio de altura promedio. No momificaban. No conocían la rueda. Pero ya tenían conocimientos del sistema binario. Y de los ciclos solares a la perfección. Datos que hacen trasladarme 600 años atrás e imaginar miles de personas, un 21 de marzo, esperando la aparición de la serpiente, anunciada por el Jefe, disfrazado con piel de Jaguar (en la mitología Maya era el protector de los campos y cosechas). Con un grito que haría eco en la pirámide, construida sobre otra menor. Y el dios del miedo, que siempre aparece, otra vez hacía que el pueblo se acercara a tributar a la familia real -a cambio de su bendición-. Familia que contaba con el conocimiento previo de la arquitectura de la pirámide, y su efecto con la posición del sol en sus equinoccios. Nada sorprendente, cuando el miedo fue y sigue siendo el método utilizado por la mayoría de las religiones. El sol, que sofocaba, no podía con mi curiosidad de observar cada detalle, pero lo que más me sorprendió fue el “campo de juego de pelota”. El ritual de los equinoccios, un juego que consistía en pasar una pelota de caucho de 2 kg, por un diminuto aro ubicado a 7 metros de altura. Los vencedores, serían decapitados para ganar la inmortalidad. Y luego de escuchar todo esto me puse a pensar en cómo -incluso hoy- una persona puede creer tanto en un dios como para regalarle su vida, y así creer que la vida de un dios es más importante que la de uno. En tal caso, creo que dios esta en uno mismo, y al morir, muere con uno. Pero demasiada reflexión para un día tan sofocante. Mejor, me voy a dormir, que mañana me espera algo increíble. Voy por otro sueño. Y esta vez está cerca, muy cerca. 🙂

Barú

Sentados en un banco de una plaza, hablando con viejitos que le daban maiz a las palomas, esperando en Cartagena por cruzar a Panamá (o no), tomamos la decisión de viajar a la Isla Barú. Una lancha rápida, luego de regatear muchos precios y lograr un almuerzo gratis -pero soportar que nos tengan de rehenes en un acuario al cual no entramos-, llegamos a la Isla. Compramos cinco litros de agua, de los cuales sobraron cuatro, pero nos quedamos cortos con las galletitas y el fiambre. Pero gastamos toda nuestra fortuna en cervezas, fieles testigos de nuestras charlas de mar, en donde el tiempo no parece pasar. Las risas y los vendedores ambulantes se mezclan en la tarde, y hacer la plancha en el mar turquesa es una ley que inventamos para no morir hasta la noche. El sol traicionero te quema sin avisarte, pero la sombra del parador nos ayuda a enfrentarlo. La tarde es un buen momento para escribir, y dibujar, y pensar en que el tiempo no pasa, ó sólo es un momento en la vida. Y quizás pensar no es lo aconsejado, porque terminan escribiéndose cosas como éstas:
“Quizás el tiempo parece volver, en ésta mágica tierra colombiana. Pensar que alguna vez pisé esta isla y pensé en volver, y mis pies hoy la pisan otra vez. La nostalgia no juega su juego, porque acá estoy, pensando en dar la vuelta al mundo, sin saber cómo. El abrazo de la amistad que se me cruza en el camino, el color del mar, la arena blanca, y recordar tus ojos en el horizonte, son juegos que se oponen a la realidad. Los pies dibujan el camino, el mar lo borra ó lo sella para siempre. Las risas de estos momentos serán por siempre dibujadas en este cuento. Tus dibujos, y tus palabras, volverán una y mil veces para acompañar las huellas solitarias que deje en el camino de esta arena”.
Y así, el día siguiente llegó, y la vuelta fue una nueva aventura, volviendo en una moto, los tres y una mochila. Sí, los tres y una mochila en una moto. Luego de regatear tanto un precio, volvimos de esa forma con la esperanza de ver Real Madrid vs Barcelona. Cruzamos en una canoa un río, y volvimos en un colectivo local, en una hora hasta la ciudad. Para llegar a ver un partido que ya se había jugado hace 2 horas. No tuvimos más alternativa que ir por unas cervezas, y olvidarnos de todo. Otra vez en la ciudad, a seguir esperando por el velero que nos cruce a Panamá…

Bogotá

Qué decir de Bogotá? Con su caos normal de cualquier ciudad grande. Con sus bocinas que parecen multiplicarse. Subirse al transmilenio, que cruza toda la ciudad (y no te pases de la parada como yo!). Caminar por La Candelaria con Marce y con Dani haciendo de guía, evitar las entradas a las Iglesias, cruzar esa plaza con tanta historia, tomar un café Juan Valdéz en una esquina, caminar por el barrio La Macarena y su pintoresca Plaza de Toros. Caminar por la peatonal, viendo trabajar a los grafiteros ó a algún saxofonista –que genera inspiración en la imaginación de Daniel para generar historias- jaja. Pero para mí, Bogotá fue vivir en La Vachela. Subir sus escaleras y entrar a la casa de Guadi, Marce, Pulé, Ana y Cristian es cargarse todo el tiempo de buena onda. Llegar a la terraza y acostarse en una hamaca, ver los edificios a lo lejos, tomar una cerveza, o simplemente escuchar a estos personajes criticar a sus vecinos de enfrente, es garantizar las risas. Organizar una fiesta en Bogotá, donde te reciban con Fernet y Coca, y la encargada de la música sea fanática de Rodrigo, es sólo pura felicidad. Reencontrarme con Guadi, y volver a recordar esos momentos de la secundaria que el tiempo no va a poder borrar. Y agradecerle una y mil veces por recibirme siempre con tanta onda, como a la loca linda de Marce, con sus pilas paisas, y que siempre se encargó de dibujarme una sonrisa (y de devolverme las ganas de dibujar). Simplemente a todos, les digo GRACIAS! 🙂

 

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Dibujando Machu Picchu

Cómo describir la sensación de cumplir un sueño? El reloj anunciaba las 4:20 de la mañana, pero ya estaba despierto. La ansiedad de empezar el día me hizo levantar de la cama con muchas ganas de salir a caminar. Todavía era de noche, y comencé el camino por las calles de Aguas Calientes bajo una lluvia torrencial. Caminar en la oscuridad, viendo a lo lejos algún foco de luz que devolvía la imagen de la cantidad de agua que caía, sólo me hacía más feliz. Porque pensaba que era una lluvia distinta, era la lluvia que me conectaba con mi pasado, con esos momentos de la vida en los que soñé vivir este día. Me reía, cantaba y abría los brazos agradeciendo al cielo. Las lágrimas se confundían con la lluvia y terminaban siendo lo mismo. Y de tanto pensar, y subir escalones entre un camino de selva, la claridad del día empezó a mostrar las nubes bajas que cubrían todo el paisaje. La lluvia dejó de ser lluvia y pasó a ser niebla. El cansancio no podía vencerme, y la cabeza daba órdenes de no parar. Entre senderos de piedra interminables, -finalmente-, subí la vista hacia un horizonte imaginario que creaban las nubes, y como si alguien pasara un borrador despejando el cielo, surgió el imponente Wayna Picchu. Sentado frente a esa imagen, me sentí abrazado a todas las personas que quiero. Fue un momento de paz, de entender que la vida es mucho más que vivir en ese sistema que nos hace relegar nuestros sueños. Y que tomar la decisión de vivir, de atrapar tus sueños, puede traducirse en momentos como este.

Subir hasta la cima del Wayna Picchu fue una tarea exigente, pero con un premio mayor: una vista aérea de Machu Picchu, sintiendo el sonido del río, viendo el blanco de las nubes cambiar de tonos por todos los picos de la montaña, y sentir la energía de un lugar sagrado, donde el sol seguirá gobernando por siempre. Viajar en el pasado e imaginar a ese imperio caminando por esos pasillos angostos, trabajando la tierra, labrando la piedra, adorando al sol, estudiando el cielo, y conectándose con las cuatro regiones del Tahuantinsuyo es una forma de conectarse con el lugar. Un imperio que respetaba a la tierra, tanto como al sol. Que creía en el cóndor, el puma y la serpiente como los símbolos del cielo, la tierra y el inframundo. Me hace pensar en qué hubiera pasado si la historia hubiera sido diferente. Si la codicia del hombre no hubiera entorpecido este sistema. En preguntarme cómo sería el mundo si este imperio hubiese avanzado. Si en vez de computadoras, autos y televisión, el mundo hubiera avanzado en espíritu, entendiendo y respetando la tierra y el cielo. Quizás son muchas preguntas para este día. Mejor me dejo llevar, disfrutando de cada bocanada de aire. No paro de mirar cada detalle, como una forma de querer guardar este momento por siempre. Cierro los ojos. Me imagino recordando esta imagen en el futuro. Los abro. Y vuelvo a verla. Me sorprendo. Sí, lo estoy viviendo. Y me río. Y no puedo parar de reírme…

 

 

 

Arequipa

La “Ciudad Blanca” nos recibió con su eterno custodio: el volcán Misti de fondo. Como llegamos casi de noche, ya pudimos organizarnos para subir al Cañon del Colca al otro día. Y a la vuelta, tuvimos un par de días para disfrutar de una ciudad muy colonial, con una Iglesia de las más grandes que ví que asustaba, como para que quede claro quién era el dios que mandaba. Arequipa es la ciudad más grande de Perú después de Lima, pero muy bien distribuida y lo que más nos llamó la atención fue que casi no existian terrenos libres sin cultivar. A veces uno cree que esta en el campo y esta en plena ciudad. Una frase que simboliza a Arequipa en uno de sus arcos es “Ciudad con fisiología de semilla, pues donde cae un desacierto, brota enseguida una revolución”.

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Isla del Sol

Una hora de navegación desde Copacabana hasta la parte sur de la isla, y con un poco de lluvia que hizo bajar a la gente que estaba en la parte exterior, fue el comienzo de dos días increíbles en la Isla del Sol. Al llegar al puerto, nos recibió la comunidad Aymara de la Isla. Junto con Pablo, un amigazo de Ramos Mejía que también estaba viajando solo, subimos una escalera infinita (con las mochilas al lomo) que separa el ingreso del pueblo. Al instalarnos en el hostel de la parte sur, nos recibió Justina, una señora muy amable, que con su sonrisa y sus desayunos te hace sentir como en tu casa. Como bien indica su nombre, el sol desplegó toda su luz en la isla, a pesar de las nubes que rodeaban a todo el Lago Titicaca. Nos caminamos los 10 km que separan la parte sur de la norte y volvimos ya casi con el sol durmiéndose en el lago. Recorrimos ruinas Incas, como el “laberinto”, en donde se creía que si te perdías en él, era un augurio de cómo iba a ser tu año… (yo le pifié a un par de puertas… será un augurio? Jeje) En la parte norte de la isla hay una playa donde se permite acampar, y pudimos ver una oleada de argentinos hipones con rastas tocando la guitarra… una playa colmada de buena onda. Demasiada onda para nuestro gusto! Jaja Pero lo más lindo de la isla, fue ver a toda la comunidad trabajar en la tierra, la perfección de las plantaciones en terrazas, los chicos arreando las ovejas, viviendo de la tierra, sin necesidad de mucho más. Y estas cosas me siguen emocionando, como cada día nuevo en este viaje

Potosí

Despertándome en Potosí, en el corazón de Latinoamérica, ó un reflejo de su desgracia, ya que -a mi modo de ver-, esta ciudad es un símbolo que representa la injusticia de la humanidad.
Ayer visité la mina del Cerro Rico de Potosí, donde desde los tiempos de la conquista hasta hoy, se continúa con la extracción de minerales, casi con las mismas condiciones desde su inicio. Un lugar que evoca al mismísimo infierno, donde cerca de 1000 hombres y hasta chicos menores de edad continúan trabajando en lo profundo de la tierra. Aún cuando lo que se extrae ya no es plata sino otros minerales de menor valor, en pocas cantidades de pureza, y con muy poca ganancia para tanto trabajo. Da indignación hasta las lágrimas ver tanta injusticia. Tuve la suerte de conocer a Helen, una guía de la ciudad de quien se notaba el amor por su profesión y por su tierra, explicando desde el corazón cada detalle. Y así ingresamos a las minas, por sus túneles oscuros, y cada vez más estrechos, donde la falta de oxígeno y los 4600 metros se hacen notar. Al mascar coca me di cuenta de su importancia al vivir a esta altura. Los carros con rocas pueden llegar a pesar una tonelada y eran impulsados solo por la fuerza de los mineros por las vías del túnel. Dicen que con la plata extraída del Cerro Rico de Potosí, equivaldría a toda la deuda externa existente de Latinoamérica, y se cree que se podría construir un puente de plata desde Sudamérica hasta Madrid. Da bronca pensar que bancos de Inglaterra, Holanda y otros se fundaron con la plata saqueada de este cerro. Que la Iglesia fue partícipe fundamental del saqueo, introduciendo al dios del miedo, para volver sumisos a los hombres que necesitaban para generar esa riqueza. La arquitectura es hermosa, llena de Iglesias y edificios construidos por los españoles, que en su momento de auge de explotación era una de las tantas formas de derrochar sus ganancias. Pero que al finalizarse el recurso de la plata, sólo quedó su pueblo originario sumido en la pobreza. Y lo que más bronca da, es que 500 años después, nada ha cambiado. Potosí es un reflejo de la injusticia de un sistema que hoy vemos continuado en las políticas mineras que siguen regalando y saqueando nuestra tierra y benefician a empresas multinacionales. Es por todo esto que de Potosí me llevo mucho más de lo que esperaba.

Salar de Uyuni

Llegar a Uyuni un 10 de enero con tantas advertencias de que no valía la pena por la imposibilidad de visitar el salar debido a las lluvias, y lograr ingresar con tormentas a los alrededores y una capa fina de agua que reflejaban el cielo, fue un mensaje increíble para iniciar este viaje. El resultado: la felicidad de ver un paisaje inolvidable, y la sensación de estar suspendido en el cielo.

Cruzando a Bolivia

El miércoles 9/1 llegué a La Quiaca desde Salta a las 8:00 am. Pude cruzar la frontera luego de unas 3 horas y con algunos argentos nos caminamos todo Villazón buscando cambiar pesos bolivianos, los cuales estaban mas caros que el peso argentino (0,955), después me fui caminando unas 10 cuadras hasta la estación de tren, en la cual estuve alrededor de 6 horas leyendo y durmiendo siestas… Pero la aventura comenzó con el tren. Un tren muy lindo, y muy cómodo, pero al que le fallaron los motores por las inundaciones en la via a las 11 de la noche -mucho antes de hacer la mitad del tramo (antes de llegar a Atocha)- y pasamos toda la noche varados bajo una tormenta y a plena oscuridad en el medio de la nada misma… la gente protestando, pero para mí era increíble estar en Bolivia escuchando la lluvia en un tren… especial para pensar y pensar… y leer… en conclusión, estuvo buenisimo porque llegamos a la mañana a Uyuni (de otra forma hubieramos llegado a la 1 de la mañana)… y salimos al salar… que evoca el mismo cielo… alucinante!!!!

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No podía dejar de sacarle la foto a un hospedaje con este nombre…

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El paso fronterizo de Villazón-La Quiaca.

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