Amo a Bill Murray

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Lo ví por primera vez en Cazafantasmas, (como casi todo el mundo) pero me enamoré después de ver “Lost in translation”, empecé a ver cuidadosamente cada una de las películas en las que actuaba: me volví loca con Steve Zissou, con Hunter S. Thompson, y en  Zombieland cuando hace de sí mismo casi muero. El fantástico Mr.Fox es excepcional y en St. Vincent tomé la decisión de rendirle un tributo. No hice todas las películas porque no todas me gustan ni las recuerdo, estas son las mas significativas para mí.

Querido Bill Murray sos mi verdadero amor platónico.

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El regalo navideño del francés

Metí mi cerebro en el bolsillo y salimos para una cena en la casa de unos amigos indios. Lo llevé porque sabía que tenía que recordar ese momento.

Salimos en plena noche de invierno, caminamos poco mas de cuarenta minutos y cuando llegamos nos recibieron con cerveza, música y comida de la india. Bailamos, comimos, nos emborrachamos y cuando quise sacar mi cerebro para recordar con detalle las recetas, las canciones y los pasos de bailes, lo había perdido.

Meses después recibí un email de un extraño francés que decía haber encontrado mi cerebro en las calles de Wanaka, lo había guardado durante meses y lo conservaba intacto: estaba repleto de conexiones sin sentido, canciones, dibujos mal hechos y palabras aleatorias. Ese francés que se encontró mi cerebro me salvó de mi mala memoria.

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Desde ese momento empecé a ser invisible

Y así me entregaron el uniforme, me miraron de arriba a abajo, y me entregaron un montón de prendas negras que tengo que lucir todos los días.

Desde ese momento empecé a ser invisible.

Cuando tengo puesto el uniforme dejo de existir en la vida real y me convierto en un mueble del supermercado, me camuflo con la leche, los quesos y el yoghurt, me paro en las góndolas y escucho conversaciones ajenas, respondo preguntas, quejas y sugerencias de los clientes, limpio las cosas que se quiebran y de vez en cuando hago sugerencias acertadas de productos deliciosos.ninja

niños congelados

Tres semanas después de mi fracaso buscando trabajo como Barista llevé mi hoja de vida al único supermercado de este pueblo. Sumado a que no les entiendo en vivo y en directo me llamaron por teléfono, me preguntaron si me interesaba el trabajo y me dieron instrucciones precisas que después de darle vueltas y vueltas logré entender. Ahora soy un miembro mas de la familia del supermercado.

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Hola! soy barista de Colombia (coffeeland)

Después de seis meses entre visas y formularios logré entrar al sistema, me llegó la visa de trabajo: tengo horarios que cumplir, un uniforme y media hora para almorzar.

Empecé a buscar trabajo en cafés porque antes de salir de Colombia hice un curso de barista y me encantó, estuve en un montón de entrevistas y fui un desastre. Llegaba con mi cara de “soy barista de Colombia” convencía a todo el mundo de que era “café con aroma de mujer” y que era la mejor barista del planeta, me ponían frente a la máquina y yo con toda mi actitud preparaba un espresso: molía el café, lo ponía en la canasta, lo prensaba con fuerza suficiente para que salieran definidos los hilos de café, ni en gotas ni en cataratas. Los que me entrevistaban se veían confiados hasta que yo agarraba la jarrita de la leche y prendía el lanza vapor: La leche me quedaba liquida, sin espumar, con burbujas, muy caliente, y yo súper asustada, nada que hacer, no había ningún argumento que pudiera usar para convencerlos de que yo era una buena opción. Salía con la labor mal cumplida y me iba a otro café a entregar mi hoja de vida.

 

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Me tiré con la certeza de que me iba a caer

No me puedo mover, tengo un moretón gigante en la nalga y cientos en las piernas, me duelen los brazos y apenas puedo caminar: ayer fuimos a esquiar.

Mi primer contacto con la nieve fué con el señor del raspado cuando salía de clases de natación, después en el Nevado del Ruíz, con mal de altura, olor a azufre, frío y ganas de volver a tierra caliente, el año pasado pasé unas semanas de invierno en Bariloche y por primera vez ví la nieve caer del cielo, la toqué, me la comí y la disfruté, pero la relación que establecimos ayer es verdadera, intima, cercana… De ahora en adelante, la nieve y yo somos una sola.

No me gusta el frío, ni el invierno, ni las capas de ropa que me tengo que poner para sobrellevar los “bajo cero”, no me gusta tener los pies fríos ni que se me congele la crema de dientes ni quedarme en la cama porque no soporto la temperatura mañanera, soy tropical, mi cuerpo esta diseñado para que el frío máximo sean diez grados y el calor treinta, pero de hoy en adelante no me importa nada, voy a perseguir las montañas, los inviernos,  y las pistas negras, voy a disfrutar del frío invernal siempre que pueda subir a una montaña y deslizarme.

Salimos de la casa a las ocho de la mañana con rumbo a la montaña, bajamos al centro hicimos dedo y nos levantó un australiano, Clint, conversamos, nos habló de su vida en Australia y de su temporada de invierno en Wanaka: Snowboard, esquí tra la la, tru lu lu…. todo completamente lejano de mi lenguaje y experiencias. Nos bajamos del carro y le dije: “nunca te voy a olvidar, sos parte de mi primera vez en la nieve” sin imaginarme que mi posición en la vida de “odio el frío” iba a cambiar drásticamente por “quiero mi pase para el próximo invierno”.

Todo era nuevo. Las botas, las aerosillas, las antiparras, bla bla bla, palabras que nuca había usado y que no entendía como se ponían ni como funcionaban. Salimos a la nieve y fuímos a la pista de principiantes, dos metros de pista con una mini pendiente que para mí era un mundo. No sospechaba lo que iba a pasar, en mi cabeza, esquiar era muy parecido a tener unos patines: estar en una superficie con pendiente y rodar. No.

Subirse a unos esquíes es intentar  pararse en una pista jabonosa, es tensionar las rodillas y dejar que la montaña haga lo que le de la gana con vos.

Lean me dice: “Listo, vamos a la montaña, ya le perdiste el miedo”. Obviamente yo estaba en pánico, nos agarramos del poma (ni idea, otra nueva palabra) que nos subió hasta la cima de la montaña, no sé como me tiré, no sé que estaba pensando, no se de donde salió el impulso que me lanzó de frente a la pendiente. Me caí. Nunca me levanté, se me congeló la nalga, se me rasparon las manos con la nieve, me caí cien veces, Lean me levantaba, una y otra vez, avanzaba un metro y al suelo. Tenía que aprender a sentir la nieve y la pendiente.

Lean (esquí sensei) me enseñaba, me daba consejos y tips, yo… en el suelo.

Me paré, tuve que aprender a pensar y a sentir de una nueva manera, tuve que tirarme con la certeza de que me iba a caer.

Subimos, estaba decidida a ir de un lado al otro de la montaña haciendo lo que todos hacían con tanta facilidad, sentía la frustración de la inexperiencia, miré la montaña y sin pensarlo me tiré sin la presión de hacerlo bien, sin la presión de la técnica, sin pensar que en algún momento tenía que parar, con la ligereza de la ignorancia y permitiéndome ser torpe, lo hice. Lo hice y me caí, obvio, pero lo hice. Salí rodando, me dolió todo, pero ya no había vuelta atrás. Después del dolor en el cuerpo llegó la maldición de la montaña, dejé de ser dueña de mi misma, dejé de pensar en hacerlo bien, dejé de preocuparme por los golpes, me entregué a la velocidad y a las caídas, ahora a la montaña le pertenece mi felicidad.

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celebramos dos días seguidos

Pasé dos días llenos de sorpresas, amigos, cervezas, chocolates y papas fritas; me cantaron en Filipino, Nepalés, Español, Inglés y Checo, me regalaron una piña tropical, un gorro invernal, un gato intelectual y chocolates para engordar, tengo lapiceros para dibujar, lápices para bocetar y millones de hojas para dilapidar (se me acabaron las palabras para rimar).

En mi cumpleaños siempre bailé, tomé ron, cerveza y aguardiente, me reí con buenos amigos, y me fui a casa sonriente (o borrachina que es lo mismo) y este año no fue la excepción. Pero además de todo esto Lean se encargó de que tuviera un cumpleaños inolvidable, aquí, en el fin del mundo, lejos de casa y con la nostalgia de la distancia.

Recibí millones de dibujos que me hicieron llorar, me mataron del amor y de la risa, me los imaginé en la casa haciendo un dibujito, me los imaginé tomándose cinco diez o cien minutos para recordarme, para complacerme y para hacerme sonreír.

Gracias chicos! me hicieron sentir como en casa, gracias a Lean por su proyecto de hacerme Feliz, por hacer que la gente que quiero me hable con un dibujo, porque cada uno experimente la emoción (y la frustración) de dibujar, Gracias por los mensajes entre lineas y por toda la onda que le pusieron! Gracias a los que no me dibujaron y se sintieron culpables toda la semana por no haberlo hecho y a los que me mandaron mensajes amorosos por todos los otros medios! 

Me encantaron, me encantaron y me encantaron!! 

Besos y abrazos para todos!!!

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Reporte mundialista:

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Hace dos semanas que no duermo, hace dos semanas que nos levantamos a las cuatro de la mañana a ver los partidos…. 
Yo siempre he visto los mundiales, obvio, pero nunca me había emocionado tanto como en este. Obviamente ver a Colombia jugar después de tantos años me mata de la emoción, mas estando al otro lado del mundo sin ningún colombiano que me soporte, también puede ser porque el futbolero argentino que me acompaña es un hincha de esos que no lavan la camiseta en todo el mundial porque se le va la suerte, de los que te hacen amar el fútbol aunque nunca en tu vida hayás entendido un fuera de lugar, de los que te hacen sufrir, brincar y llorar aunque no estés viendo a tu selección y de los que ama, brinca y grita por Colombia tanto o mas que yo.
Mañana juega Argentina a las cuatro de la mañana, nos vamos a levantar a las tres, vamos a salir con temperaturas bajo cero, vamos a caminar dos kilometros en la oscuridad y la heladez de la noche y nos vamos a reunir en la casa de otro Argentino a gritar por Argentina

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Mi mamá me enseñó que uno no va a la casa de nadie sin avisar y que uno no entra en una puerta cerrada sin tocar y sin esperar que le abran o que le den permiso de entrar, pero parece que en Nueva Zelanda ninguna mamá le enseñó eso a ningún hijo porque desde que estamos aquí la gente entra y sale como pedro (pancho en la versión argentina) por su casa. Tenemos un problema y es que como aquí en Wanaka no pasa nada de nada pues simplemente las puertas no tienen cerradura. Cuando nos pasamos para nuestra mini casa nos dieron la bienvenida y nos dijeron que la casa no tiene llave, ósea, directamente no tiene cerradura, no tiene el huequito donde uno mete la llave.

Pusimos un cartel en la puerta porque estábamos cansados de cualquiera entrara así no mas, sin pensar que somos una pareja, que somos jóvenes, que podemos estar desnudos, que la casa puede oler a loco o que simplemente no queremos visitas…

Aquí está el cartel.
“por favor toque la puerta, gente en pelota(s) adentro”.

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Tenemos una historia para contar

El jueves en la mañana salimos a dejar las obras en la exposición, nos levantamos temprano, caminamos sobre las hojas secas del otoño (la nueva experiencia de mi primer otoño) y entregamos los cuadros mientras las señoras que nos los recibían nos respondían cosas en su inglés neocelandés inentendible. Entre todas esas cosas nos dijeron que la inauguración era a las siete de la noche así que me preparé para ir sola porque Lean tenía que trabajar.

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Llegué a las siete y pico y había unos artistas invitados hablando de la exposición y de lo mucho que les había gustado bla bla bla (entendí la mitad de lo que decían), yo me quería ir a ver la exposición pero estaba bloqueada por el corrillo de gente. Entonces esperé que terminaran de hablar. Al final llega una señora con unos papeles: saca el primero, lee un nombre y una chica se acerca, dice “thank you”, la jurado dice unas palabras acerca de su obra y vuelve al puesto. Así pasa con otras dos personas, dicen el nombre, el artista pasa al frente, le hablan de la obra, dicen “thank you” aplausos y fin. Sacan un nuevo papelito y dicen: “Marcela yaram.. yaramil… “how can you say that? Yaramil… Diaz” Whattttt!!!!! yo levanto mi mano y grito… Jaramillo!!! it´s me!! la gente se ríe y yo no entiendo que rayos esta pasando. Paso al frente mientras todos me miran y la jurado me dice (en inglés) que le encantaron las obras, que el punto de vista, que los colores, que las manchas de la acuarela, que el registro de la vida, que la luz, que los tres, que el paisaje de lo cotidiano…. que le EN-CAN-TA-RON…. nahhhh…. en serio nos está pasando esto? Aplausos, la gente me mira, yo estoy roja y vuelvo a mi puesto con las manos temblorosas y el corazón acelerado.

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Se terminó la ceremonia y yo me sentí como una rockstar, la gente me hablaba, me perseguía, me preguntaba cosas, me felicitaba y yo solo sonreía y decía “oh thank you, thank you sooo much!” mientras le narraba a Lean minuto a minuto de lo que había pasado por mensajes de texto.

Me fuí para la casa sin entender lo que nos habíamos ganado, para mi era un diplomita de reconocimiento porque les había gustado y listo, al otro día fuimos en la mañana y nos dimos cuenta que nos habíamos ganado el primer puesto sobre todas las pinturas de la exposición, los otros reconocimientos eran para escultura, fotografía y collage.

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“Me estás jodiendo?” dice Lean.

Dimos una vuelta por la galería, votamos por las obras que nos gustaron y salimos saltando de felicidad a celebrar con helado y papas fritas.

Nos vamos a llenar de plata!! Las vamos a vender todas!! se van a pelear por nuestras pinturas!! hagamos más y las subastamos!!!

pasó un día y no habíamos vendido ninguna… “bueno, creo que nos entusiasmamos demasiado… esperemos a ver que pasa mañana”

Pasaron dos días y nada…. “Está todo bien, las hubiéramos vendido si hubiéramos hecho un paisaje cualquiera o si hubiéramos hecho cosas complacientes”

pasaron tres días…. “Aggg malditos! compren nuestras pinturas que tenemos hambre jaaaa”… “por qué no las vendemos en la ruta? de pronto las compran!”

Cuatro días después volvimos a la galería a recoger los mismos tres cuadros que habíamos dejado. No vendimos nada de nada pero nos quedamos con la satisfacción de haber hecho lo que queríamos y de haber tenido un reconocimiento, nos sentimos como estrellas de rock incomprendidas así que las colgamos en nuestra mini casa con el diploma y con la esperanza de no ser un “one hit wonder”.

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Hoy, hace cuatro meses salí de viaje

Hace cuatro meses salí de viaje, el 26 de octubre del 2013. Me han pasado miles de cosas que no les he contado porque no estaba en un lugar fijo y porque el internet a este lado del mundo es de lo peor. Ahora que estamos en esta linda casa que es lo mas parecido a una casa en el árbol con internet de verdad y me voy a desatrasar de todas mis historias… aquí van….

Yo vivía en Bogotá y después de tomar la decisión de salir de viaje empaqué todas mis cosas y me fuí para Medellín a la casa de mi mamá a pasar su cumpleaños y a disfrutar de Medellín. Aquí les dejo la historia de mi romance con el argentin, la panorámica desde el balcón de mami y la sala de su casa que es hermosa ♥ (me dió mamitis)

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Decime… en qué momento pasó todo esto

La semana pasada vimos esa casa que les conté que nos encantó, la chica recibió otros visitantes interesados y nos eligió a nosotros. Acaricié el gato, le dije “miau”, hicimos un par de chistes, unas sonrisitas y sin saber que estábamos en un concurso por la casa nos fuimos diciéndole que nos eligiera a nosotros que somos súper divertidos jaaaaa.

Finalmente nos llamó y nos dijo que nos había elegido, nosotros saltamos de felicidad y aquí estamos en nuestra nueva casa, viviendo juntos como una pareja estable y sedentaria jaaaa

vos y yo

la telenovela de mi visa

Esto va para todos los que me han preguntado o los que se han intrigado por el estatus de mi visa y de mi vida viajera.

Salí de Nueva Zelanda porque me habían dando la odiada “limited visa” de la que les había hablado antes, tenía que salir del país para pedir una nueva visa y nos fuimos para Australia a hacer todos los trámites.

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Mientras esperamos hicimos de todo; conocimos Sydney al derecho y al revés, Cristina nos llevó de paseo, hicimos picnics, viajamos en tren, llegamos a Melbourne, amamos Melbourne, visitamos a mi hermanito, (hicimos mil cosas mas que les contaré en otro comunicado) esperamos y esperamos hasta que finalmente tuvimos una respuesta. Me dieron una visa por un mes (otra vez). Compramos un tiquete a Nueva Zelanda, nos fuimos al aeropuerto y la chica del check-in nos dice que tengo que tener un tiquete de vuelta, que especialmente para los colombianos exigen tiquete de salida del país. Salimos corriendo a comprarlo antes de que nos dejara el vuelo, lo compramos, pasamos migración, corrimos al avión, nos sentamos y tuvimos un plácido vuelo hasta Nueva Zelanda. Llegamos, nos bajamos, pasamos migraciones, me pidieron la visa, el tiquete que habíamos acabado de comprar y me dejaron entrar sin mas trabas ni complicaciones, así que aquí estamos en Wanaka, en una casa increíble con La rubia y Marce que son increíbles disfrutando de un Lago hermoso y de unas montañas nevadas preparándonos para volver a mandar los papeles para extender la maldita visa de un mes que me dieron. fin

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Dibujando en Bondi

No, todavía no subimos a dibujar en los colectivos (pero en cualquier momento). Bondi es una playa muy concurrida ya que esta muy cercana al centro de Sidney. Y como había tanta gente en el agua, preferimos sentarnos a dibujar.

Mi paso por Nueva Zelanda con mi “limited visa”

En enero volví de Argentina a Colombia con la decisión de empezar una maestría en Estudios Culturales. Eso fue antes de conocer a Lea.
Unos días después de mi regreso hicimos una fiesta en la casa con temática argentina, él venía viajando por Suramérica y llegó a Bogotá a sacar un nuevo pasaporte, había estado en Iquitos y le habían robado todos los papeles. Llegó a mi casa a visitar a una de las amigas con quien yo vivía (mi chiquita) y ahí lo conocí. Bailamos cuarteto cordobés, tomamos fernet, nos reímos y listo, al otro día salimos de paseo por Colombia, fuimos a Salento, a Manizales y después nos fuimos a Cuba. En medio de todo esto viene él con su acento argentino y me dice: “estaba pensando… si vas a hacer una maestría en estudios culturales… qué mejor que vivirlos en vez de estudiarlos?”.
Le di vueltas y vueltas hasta que no encontré ninguna excusa para decir que no. Armé mi mochila y hace un mes que estoy en Nueva Zelanda contando la historia:

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Lea me dice que nos vayamos y yo le digo que si, él sonríe, me pregunta si es en serio y yo le respondo que sí, segundos después me dice: “ya encontré un tiquete súper barato para vos, lo voy a comprar, salis de Bogotá, hacés escala en Chile y llegás a Auckland”.

Entré en pánico. Le dije que para entrar a Nueva Zelanda necesito visa y que si no me la dan perdemos el tiquete y plata y no se que… pero como Leandrito no puede esperar ni un minuto, en menos de lo que canta un gallo teníamos tiquete Bogotá-Auckland y no teníamos mi visa.

Reuní papeles, compré un curso de inglés en Auckland y pedí la visa. Una semana después llegó el pasaporte con mi LIMITED VISA y un email que decía que me daban la visa por un mes.

Por un lado estaba felíz de tener el “privilegio” de pisar el territorio Neocelandés pero realmente estaba furiosisisma, había invertido mucha plata y tenía demasiadas ilusiones de quedarme por lo menos tres meses para poder conocer el país.

Pero no tenía mas opciones que quedarme en Auckland mientras miamorcito trabajaba como esclavo a cinco horas de distancia.

DSC08438 Empecé mis clases, llegué el primer día a las nueve de la mañana, entré a mi salón, me senté y miré atentamente a mis compañeros, había tres con los ojos rasgados, dos rubias de ojos azules y al resto, no lograba identificarlos con ningún lugar en especial. Empezó la clase y me encontré con sus nacionalidades: dos japonesas, una china, una rusa, una alemana, una brasileña, una argentina y CINCO colombianos…. nah… tiene que ser un chiste.
No, no lo es: dos rolas y tres paisas. fin

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En semana vivo en un hostal, en el Newton Lounge, comparto habitación con siete personas diferentes que van cambiando esporádicamente, dos tienen pecueca (olor a pata), uno ronca, otro nunca está, otro llega borracho y otro que siempre esta en la cama con el computador. A veces son amables, a veces no les importa quien esté ahí pero todos, sin excepción, son raros y pasajeros.

Los fines de semana me voy en bus hasta Te Puke (la capital neocelandesa del kiwi fruit), atravieso el Donovan Park y llego a nuestra “cabin”. (la amo)

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En Te Puke vivimos así: hay dos “cabins” y dos casas, en la casa grande vive Peter, el dueño, (un checo que sabe tres palabras en inglés y dos en español) con su esposa y dos niñas,le rentan una habitación a una pareja de argentinos y es la casa donde está el baño. La otra casa la compartimos entre todos, tiene la cocina, el comedor, una sala de televisión y una habitación con dos camarotes donde viven un alemán y un chileno por ahora, en una cabin vive un malayo y en la otra nosotros. Yo llego lavo la ropa, nos alimentamos bien, salimos al parque, nos comemos un helado y nos vemos la serie de Pablo Escobar. Todo súper lindo, pura felicidad y melosería. El domingo en la tarde vuelvo a Auckland y así durante cuatro semanas.

DSC_0815 La semana pasada, consciente de las limitaciones de mi visa decidí ir a la oficina de inmigración para ver si podía hacer algo desde aquí, mi intención era hablar con un humano y contarle toda mi situación para que me guiara y me dijera qué podía hacer para tener una visa de turista como la gente normal.

Pero no lo logré. Obviamente todo esto son gajes del oficio y todo hace parte del paseo y el que quiere marrones aguanta tirones pero estoy furiosa, porque ésta es mi última semana aquí, ya que nos vemos obligados a viajar a Sydney para aplicar a una visa de turista en Nueva Zelanda  hasta esperar la respuesta de la embajada

Mientras tanto yo voy aprendiendo que viajar con pasaporte Colombiano es la aventura que empecé y ya no hay vuelta atrás, que “estos” países piensan que los que venimos de los “otros” países nos robamos sus hombres y su comida, que tengo que pasar por todos los trámites burocráticos del planeta y me deja flaca, cansada, ojerosa y sin ilusiones.

Australia allá vamos! sean buenos con nosotros!

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