Otro aeropuerto, otra espera y otro destino

En pocas horas llega Marce a Nueva Zelanda. Y una vez más, nos vamos a reencontrar en otro aeropuerto.
Mientras la espero, recuerdo las cosas que pasaron para llegar hasta acá. Desde que planifiqué mi viaje por Latinoamérica hasta estar sentado en este aeropuerto. A comprar esos pasajes con rumbo norte, y planificar un viaje hasta México.
Pero al poco tiempo los caminos me enseñaron a no planificar. A entender que todo es exactamente como tiene que ser. Que cada decisión descarta millones de alternativas. Y que cada alternativa que elegimos es la que nos va a llevar a nuestro destino. Aunque por momentos sintamos que tomamos una decisión equivocada.
Escribiendo esto, recuerdo que en medio de mi viaje, al salir del aeropuerto de Iquitos en Perú, los taxistas se peleaban por ofrecer su viaje al centro de la ciudad, y mi decisión fue elegir al único que no estaba peleando por ganar su viaje. Un señor muy amable que me llevó hasta un albergue, donde alguien comentó del barco que salía para Leticia en Colombia por el río Amazonas. Y mi decisión de tomarlo me llevó a otro camino incierto, ya que alguien decidió robarme la mochila con mi pasaporte. Y así terminé cruzando una triple frontera sin papeles y visitando la embajada Argentina de Bogotá.
Y la espera de ese pasaporte me llevo a conocer a una colombiana que me cambió la vida. Y acá estamos, por reencontrarnos en la otra punta del mapa a punto de iniciar un nuevo camino.
Pero esta vez, en un viaje mucho más largo, y al estar tan alejados de nuestras tierras, la aventura incluye la engorrosa lucha por los papeles migratorios que el “primer mundo” requiere de nosotros, como si fueramos un peligro para la humanidad.
Entonces comienza la lucha contra el sistema, el que nos obliga a demostrar fondos, generar planes de viaje que ni siquiera nosotros tenemos, pagar por la solicitud de la visa, pagar por un curso para tener más chances de aceptación, comprar pasajes de salida a un país que nos acepte. Y así y todo, obtener una visa “limitada” de 40 días.
Y pienso que así como el taxista, el albergue y el ladrón, nos llevaron a un camino, los papeles migratorios nos van a llevar a nuestro nuevo destino, por un camino que todavía ni imaginamos…
Pero estoy convencido de que nuestros sueños son mucho más fuertes que cualquier papel que se nos interponga en el camino, y que cualquier dificultad que se presente será, entonces, para dibujar un camino mejor…1400519_538735949537794_1056084791_o (1)

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