Santiago de Cuba

Dejamos atrás Cayo San Guillermo y Cayo Coco con rumbo sudeste, cruzando los pueblos de Bolivia y Esmeralda, con el objetivo de llegar a Playa Santa Lucía, la cual esperábamos algo parecido a los cayos pero no nos gustó para nada. Sólo había hoteles All Inclusive, y las playas no eran muy lindas. Con lo cual -si bien ya estaba atardeciendo-, decidimos seguir hasta Guardalavaca, pero como se hizo tarde, cruzamos por la ciudad de Las Tunas y llegamos hasta Holguín. Y de noche, preguntamos en una estación de servicio por alojamiento familiar, y llegamos a la casa de Julio. La señora divina que trabajaba ahí se llamaba Estrella, y nos atendió como si fueramos de la familia. Por la mañana nos llevó hasta la casa de la hija para que nos grabara los CD´s para escuchar en el auto.  Nos dio un listado de toda la música que era bastante amplia (No sé a quién se le puede ocurrir grabar un disco de Maná para el viaje). Y así dejamos Holguín cantando por la carretera Mayarí, enfilando ya para el sur con rumbo a Santiago de Cuba, pasando por los pueblos de Baguano, El Níspero, Barajagua y Mangos de Baraguá, hasta llegar nuevamente a la autopista Nacional y cruzar el pueblo de San Luis para finalmente ingresar a la segunda ciudad más poblada de la isla: Santiago de Cuba.

Llegamos a la casa de Mercedes, una señora que nos había recomendado Fefita (de La Habana). Dejamos el auto y salimos a caminar por sus calles, por sus plazas llenas de gente, cantando, tocando música, formando bandas improvisadas, gente jugando ajedrez, muchos chicos jugando con sus uniformes con el pañuelito rojo al cuello y camisa blanca, puestos en las calles…

De tanto caminar llegó la noche y decidimos ir a comer algo. De alguna forma, todos se daban cuenta de mi argentinidad. Y siempre me querían recomendar un lugar para comer, hasta que llegamos a un restaurante que parecía de un cuento de terror, al ser los únicos que nos sentamos en una mesa de un primer piso a media luz, y sale una señora en pijama con una carta. Ahí nos dimos cuenta que los precios eran de una película de guerra. Un simple “muchas gracias buenas noches” sirvió para cambiar de lugar, y para sentarnos a dibujar tranquilos mientras nos tomábamos una cerveza. Mientas dibujábamos, no nos dimos cuenta que alguien nos estaba dibujando a nosotros. Se llamaba Nadia, ex campeona olímpica de Judo, y excelente dibujante…

La noche siguió y no podíamos dejar de ir a bailar salsa en la noche de Santiago de Cuba. Y claro, a tomar uno, dos, tres… mucho ron cubano. Yo como buen bailarín de cuarteto, la dejé a la Pilla bailar con los que saben.

Al otro día nos fuimos a recorrer El Moncada, un lugar histórico por ser el sitio de la primer batalla de la Revolución en 1953, lo que derivó en el movimiento 26 de Julio que -6 años después-, lograría derrocar al régimen de Fulgencio Batista. Antiguamente un fortín. Hoy, una escuela como símbolo.

Otra cosa que nos encantaba -como en todo Cuba- eran las librerías, ya que los libros estaban casi regalados. Y así, dejamos Santiago de Cuba con varios libros para el camino, saliendo con rumbo Este hacia Guantánamo, con destino final Baracoa…

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