Cuzco

Viajamos de Arequipa a la increíble ciudad de Cuzco luego de sobrevivir a otro micro peruano, aunque esta vez durmiendo en un cómodo coche cama. Llegamos en la mañana del jueves 24, y tomamos un taxi hasta el hostel Wild Rover, donde sólo pasamos una noche.
Al otro día hicimos una excursión por los alrededores de Cuzco y visitamos ruinas Incas increíbles. Visitamos el templo del Sol (Qorikancha), aunque el sol se fue con la tormenta que cayó durante una hora. Pero por suerte nos dio respiro para visitar lo más increíble para mí que fue Saqsaywaman, una fortaleza formada por 3 series de bloques de piedra unidos con mucha precisión. Nadie puede explicar cómo se construyó, habiendo rocas que pesan más de 7 toneladas. Además, caminando un poquito llegamos a la mejor vista de la ciudad.
Cusco invita a perderte entre sus calles angostas, las construcciones coloniales te hacen caminar en el pasado, los museos te hacen entender y transportarte a las creencias de los Incas, al Tahuantisuyo, y sentirte en el centro de la tierra, como alguna vez lo fue.
Al terminar la excursión, nos dispusimos a organizar la forma de llegar a Machupicchu, donde a mí me tentó el trekking de 5 días por el Salcantay, llegando a 5000 metros de altura y durmiendo 4 días en carpa. Pablo decidió algo más tranquilo (el Inca Jungle), saliendo el sábado, con lo cual ya nos separamos porque el mío salía el domingo por la madrugada. Madrugada que terminó siendo nefasta por una infección de estómago por algo que comí. Y mi nuevo hostel pasó a ser La Clínica Peruana Suiza, donde llegué en ambulancia. Y por primera vez en mi vida me internaron, y me pusieron suero para estabilizar. Con lo cual, no sólo perdí el trekking de mi vida, sino el costo del mismo, porque no me devolvieron nada en la agencia. Pero siempre veo el lado positivo, creo que de todo se aprende algo, y que todo por algo es. Quizás hubiera sido peor que me agarre en el medio de la montaña. El primer día del año ya me salvé de una, así que no me puedo quejar de nada más. Siempre agradezco a los que me cuidan, aunque no se vean. El lado positivo es que mañana me tomo un colectivo hasta Ollantaytambo, donde voy a conocer la fundación donde voy a estar unos días, y después me tomo un tren hasta Aguas Calientes, ya cerquita de Machupicchu. Y otro sueño esta cerca. Muy cerca. Y por eso estoy feliz de estar vivo.

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