Potosí

Despertándome en Potosí, en el corazón de Latinoamérica, ó un reflejo de su desgracia, ya que -a mi modo de ver-, esta ciudad es un símbolo que representa la injusticia de la humanidad.
Ayer visité la mina del Cerro Rico de Potosí, donde desde los tiempos de la conquista hasta hoy, se continúa con la extracción de minerales, casi con las mismas condiciones desde su inicio. Un lugar que evoca al mismísimo infierno, donde cerca de 1000 hombres y hasta chicos menores de edad continúan trabajando en lo profundo de la tierra. Aún cuando lo que se extrae ya no es plata sino otros minerales de menor valor, en pocas cantidades de pureza, y con muy poca ganancia para tanto trabajo. Da indignación hasta las lágrimas ver tanta injusticia. Tuve la suerte de conocer a Helen, una guía de la ciudad de quien se notaba el amor por su profesión y por su tierra, explicando desde el corazón cada detalle. Y así ingresamos a las minas, por sus túneles oscuros, y cada vez más estrechos, donde la falta de oxígeno y los 4600 metros se hacen notar. Al mascar coca me di cuenta de su importancia al vivir a esta altura. Los carros con rocas pueden llegar a pesar una tonelada y eran impulsados solo por la fuerza de los mineros por las vías del túnel. Dicen que con la plata extraída del Cerro Rico de Potosí, equivaldría a toda la deuda externa existente de Latinoamérica, y se cree que se podría construir un puente de plata desde Sudamérica hasta Madrid. Da bronca pensar que bancos de Inglaterra, Holanda y otros se fundaron con la plata saqueada de este cerro. Que la Iglesia fue partícipe fundamental del saqueo, introduciendo al dios del miedo, para volver sumisos a los hombres que necesitaban para generar esa riqueza. La arquitectura es hermosa, llena de Iglesias y edificios construidos por los españoles, que en su momento de auge de explotación era una de las tantas formas de derrochar sus ganancias. Pero que al finalizarse el recurso de la plata, sólo quedó su pueblo originario sumido en la pobreza. Y lo que más bronca da, es que 500 años después, nada ha cambiado. Potosí es un reflejo de la injusticia de un sistema que hoy vemos continuado en las políticas mineras que siguen regalando y saqueando nuestra tierra y benefician a empresas multinacionales. Es por todo esto que de Potosí me llevo mucho más de lo que esperaba.

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